Con una ceremonia de clausura en la iglesia de Nercón se dio por terminado el Fedochi 2009. Los tres títulos premiados son los siguientes. Primer premio 34 años y un día, de Luis Tapia.

Premio especial del jurado Registro de existencia, de Guillermo Gonzalez y mención honrosa El vagido, de Juan Luis Tamayo. Fe de erratas, 34 años y un día, el ganador, no es un fake, es “la verdadera historia” de la nana de la familia del director. Oriundo de Castro Luis Tapia tiene una breve pero notable trayectoria como documentalista (por ej Elvis vive en Castro http://www.youtube.com/watch?v=OKpWYiB_Pg0 ). Con 34 años realiza un retrato puertas adentro, donde una familia es vista desde dentro por la servidumbre, testigo privilegiado. El titulo alude al tiempo que trabajó en casa del doctor Tapia. Durante su último día de trabajo recuerda a los patrones ya fallecidos, causa de su nueva realidad como des-empleada. Su reclamo tiene relación con el caso de muchas trabajadoras que han pasado casi sus vidas enteras a cargo de labores hogareñas que más tarde no son reconocidas o bien como unico reconocimiento son enviadas a hogares de ancianos donde van a terminar su vida. En este caso el futuro de la “nana” será cuidar a su madre ancianisima. La casa y especialmente la cocina son los reconocidos sitios confinatorios y de desplazamiento , reconvertidos en su día laboral final el sitio desde donde la nana enuncia su drama y relata su existencia, al mismo tiempo que prepara una cantidad enorme de panes. El contra-relato familiar consiste en el desvelamiento de secretos familiares, de recuerdos de la explotación cotidiana, de esa extraña asimilación y distanciamiento entre patrona y empleada, y sobre todo expone la multiplicidad de devenires que tiene la asistente del hogar. Tapia utiliza el blanco y negro para el presente, precario y negativo. El pasado aparece en imágenes familiares, algunas de ellas en video, pero descontextualizadas, así conocemos a los patrones en su vejez: la dama puntillosa, el señor ridiculizado. Los diversos puntos de vista son puestos en discusión. La franqueza de la nana muchas veces genera comicidad a una historia de vida que a veces parece inverosímil. Precisamente a eso juega esta película a exponer una situación particular aunque muy reconocible en todo su absurdo y descaro.

Registro de existencia es un estructurado avance sobre un sujeto situado en el olvido y la anonimia. La excusa de una exposición lo saca ala luz. En los 4 episodios del documental asistimos al desplazamiento de sujetos: del artista que busca en un basurero sus “objetos encontrados” al objeto de investigación de su exposición. El hombre que al principio cuenta algo al parecer anodino, pero que esta al centro de este trabajo: la idea de obsolescencia en aras de la acumulación de desechables propios de la sociedad de consumo (o el betamax frente al vhs). El artista y el electricista trabajan con tecnologías nos dice este documental, uno re-validando el objeto de desecho sin capacidad de utilización pero válido en su registro pretérito de historia de uso inscrito en su desgaste, el otro corriendo de la mano con la tecnología, aplicándola y actualizándola, y actualizándose ante ella. Después de todo quien dice tecnología conjuga el pasado, es una historia de acumulación y despojo, consumo y consumación que adquiere aura temporal, o como diría F. Jameson leemos el tiempo en los objetos, afuera de nosotros. Pero también es una historia de una derrota, de la incapacidad de ir renovandose implicado en el continuo mirar atrás. El rescate del olvido o de una plausible muerte son las metas del artista, cosa que hace el documental con é, es decir, duplicando la búsqueda del artista para su exposición y con el electricista fetiche. Como 2 hombres que quedaron atrapados en esa Zona de los desechos, que nos recuerda la zona de Tarkovski, donde sueños rotos no tienen reparo y reparación.
Por último quisiera agradecer a Hernán Venegas, Yasna Castillo y el resto de los organizadores por su amabilidad y por hacer participe a la Lafuga.
EL fedochi está llegando al final y se puede apreciar una línea temática en la selección o curatoría del material para el festival, la memoria y la identidad aparecen ligados en todos los documentales, así como cierta opción patrimonial en algunos casos. Sujetos desconocidos aparecen y comparecen ante búsquedas que se profundizan en sectores superados por la modernidad, pero que persisten. También están los personajes reconocidos que vuelven a re-presentarse mediante nuevos registros, en este caso el documental. El amor y muerte del tío Lalo Parra (Cristián Calderón, Carlos Fuentes) es una especie de elegía familiar, donde el cantor realiza una gira de despedida por el sur del país, diciendo adiós a su natal chillan mientras recuerdos se van colando. El pasado y la relación familiar marcados con imperativos de carencias, tesón, enfermedad y muerte puntúan el recorrido de un hombre viviendo cada día como si el último fuera. Esto es, la determinación del ingenio en contra de la decrepitud. Llantos y risas aparecen sin pudor en un recorrido que sin embargo no acaba con la muerte del tío. Algo tétrico se sienten las imágenes del alguien que sabemos muerto pero su registro no. Eso no importa ala ocasional voz narradora, la que se siente a destiempo e incompletamente asumida, y por lo tanto sin aportar nada más que un tono de cercanía al gran-tipo-que–es-el-tío, sin que hubiera necesidad de tal tono apologético. La cercanía de la cámara es funcional y abundan las entrevistas, por lo tanto se nota la apuesta por las revelaciones familiares o los eventos fortuitos que puedan surgir.
La otra figura es Claudio Bertoni, verborreico, hiperquinético, performativo ante la cámara. Sin mirar (Patricio Muñoz) depende completamente del sujeto en exhibición, rescatado en sus facetas poeta, fotógrafo, comentarista, y “su lado humano”. Pese a todo esto -que podría ser una simple carta de presentación de media hora- en el registro se puede apreciar cierta intención metarreflexiva en esos cortes a negro y en la sugerente forma de usar la camára de fotos por parte de Bertoni: sin mirar por el objetivo, pie forzado para que el azar cumpla o no su cometido de captar la belleza espontánea, el momento pregnante de una situación o mujer de otra forma banal. La cámara de Muñoz al contrario no productiviza la pasividad del registro mecanico, pudorosa incluso en los momentos que se escabulle por la casa siguiendo al poetadepende de cuanto permita entrgarle él. Así cobra relevancia el enunciado de Bertoni, qué dice, cómo lo dice, rodeado de libros, junto asu computador, entrando y saliendo, mirando de frente o sentado consigue un buen nivel de intimidad con la cámara de Muñoz, sin punto de fuga para desperdigarse (tanto).
En otra vereda que la de Lalo Parra, los guirratoneros de Cantando me amaneciera (Claudio Mercado, Gerardo Silva) no romantizan su vida sino al instrumento. Cierto tono antropológico no alcanza a desplegarse completamente, tal vez en la opción de elidir el momento del velatorio al que solo se alude mediante la palabra. El descubrimiento de los viejos guitarroneros y la enseñanza del instrumento a jóvenes no esta trazado desde la novedad, lo que sería demagógico, sino desde la compresión de una practica antigua, remitente a la generación de sus abuelos o padres, situando el espacio, Pirque, como portador de un momento mítico. Los mitos son fundamentales en El Arenal (Sebastián Sepúlveda), documental de reconocido valor. Otro mito, o leyenda es puesto en escena en El vagido (Juan Luis Tamayo) , ya vista en fidocs. En un punto de partida , el cementerio, donde ya no están los guitarroneros que cantan en los velorios de “angelitos” Oscar Ponce, el protagonista de esta película de “no ficción”, se lamenta. Tiene deudas que saldar con su pasado, reconstituirse como sujeto escindido. Ya en el comienzo Ponce es introducido por un título en El vagido como actor. Estamos ante un trabajo fronterizo. Dinamitando desde dentro los verosímiles del documental, como la entrevista, el registro en directo, la reconstrucción, la mediación del director se expone bastante más que una historia de alcoholismo y marginalidad. La realidad en entredicho, la noción de verdadero conjugada en falso y el testimonio final dan toda una lección a carlos pinto.
Otro tetimonio, pero ya declaradamente fake es Treinta cuatro años y un día (Luis Rafael Tapia), el representante local donde comparece “la nana”, una que ha pasado toda su vida sirviendo patrones. La economía narrativa va poco a poco configurando la comicidad, donde el registro video se vuelve contra si mismo en cuanto verosímil documental. Si el testimonio cae en lo absurdo o hiperbólico, la imagen se presenta como falsedad inmediata, incluido el canal de tv del congreso, puesta en escena travestida en su especificidad genérica. Pero todo eso ya lo hemos visto (por ej: ¿no hay un noticiero falso en el ciudadano kane?). lo interesante entonces es capatar los localismo , el giro de la anciana nana disgustada con sus patrones, pero falta mucho como para, digamos, establecer un discurso de clase o algo por el estilo. Pero es bueno que aparescan más nanas en nuestras pantallas, más allá del cliche vacuo de la televisión.



gracias a Carla Gac por las fotos
Fedochi empezó el martes con la exhibición en la iglesia de Nercón de Santiago
tiene una pena (Felipe Orellana, Diego Riquelme), ganador del festival el año pasado. El documental es una
puesta del “a day in the life” de tres músicos callejeros que tematizan la
subjetividad oculta tras la percepción estadística de la diferencia. Un padre
de familia con atrofia en sus brazos, pero no discapacitado; una madre soltera
de alguna población, y un joven (¿estudiante?) violinista deambulan por
barrios y micros de un Santiago invernal. de la casa al trabajo y del trabajo
a la caza en su oficio y encuentros se problematiza la condición laboral
sindicalizada pero no asalariada de los cantores callejeros. la banda sonora,
del repertorio latinoamericano otorga una poetica: Manifiesto, de victor jara,
es citado. la precariedad de las condiciones no son imposibilidad para la
actualización del canto popular, el que se difunde en los medios de transporte
como si fueran de comunicación. Obra de montaje Santiago tiene una pena parte
en paralelo para acabar juntando y separando a los tres individuos. una mirada
que se posiciona más allá del personaje que canta en la impersonalidad de la
micro. Carente de comentario en off, el montaje sonora, muy cuidado, se
convierte en vehiculo no solo del trabajo de los cantores, sino también de la
personalidad de la ciudad. Toda una lección para el programa televisivo “cara
y sello”.
En la muestra del martes otra ciudad fue protagonista, Valparaíso. Los blue
splendor (Manuel Gonzalez) -película ya bastante reconocida- hace incapié en la personalidad de
la banda como producto de un espacio y tiempo específico: sirve de material
para retrotaer no solo a una mujer, sino a toda una generación de porteños a
su juventud. hojas viejas todavia no destruidas por el paso del tiempo. La
valoracion de bandas jovenes reconoce la candidez y la apropiación de los blue
esplendor como producto local.
De la misma forma, ahondar más en el ejercico de memoria que en la sucesión de
eventos otro personaje del puerto es esbozado en el cortometraje El maestro (María JOsé Iglesias, Kelle Jansson),
donde la oscurantista y expresionista puesta en escena del blanco y negro
sirve como soporte de la voz del artista Pato Gonzalez. Ya fallecido, El
maestro no es un homenaje previo a su muerte, ya que el dibujante ofrece un
discurso centrado en la validez del proceso más que el resultado del trabajo.
Su “Prefiero dibujar a follar” sintetiza su consumación en un trabajo que sin
embargo no nos es mostrado. La figura enigmatica, retratada en contornos por
la cámara y el encuadre, destacandose como imagen pictorica por así decirlo,
es sustrato de una voz que apela a una de las realizadoras (y eliminando la
caracterización de monologo que parece tener). La voz proferida por lo tanto
es el lugar de enunciación de la reflexión artistica de espaldas al momento
productivo y de fruición que supone trabajar. Solo el resultado es lo que
aparece en imagen, variados dibujos que han dado la fama oculta y maldita a
Gonzalez, como Bar paraíso.
Al contrario, Paramento (Ignacio Letelier) tiene una especie de post rock como banda sonora y una
cámara fija en blanco y negro en su intento de rasgar el velo que lo real en
la infinitud de momentos y lugares que configuran Valparaíso. Se trata de una
especie de pelicula en la linea de Reggio donde las imágenes estan
descontextualizadas y la-separación-se-reune-como-separada o espectaculo
visual de extrañamiento ante lo registrado, pero con una clara figuración
estética. Rostros, niños, ancianos, ambientes cerrados y abiertos, detalles,
edificios, calles, casas, abundancia y pobreza son parte del repertorio (y de
los topicos de este tipo de documental) que aparece muy bien realizado y
montado, y muy sugerente gracias a la banda sonora, pero que en lo personal
nunca me ha terminado de convencer ya que descubre más que oculta, pone
delante la estampa bonita (esteticista) en vez de la “belleza” terrible.
La identidad como producto local volvió a aparecer en la ultima pelicula del
día, A la sombra del moai (Lorenzo Moscia). Sigue a un matrimonio habitante de Isla de pascua durante 12
años al mismo tiempo que las demandas sociales, la afirmación de autonomía y
la permanencia del pasado de los isleños se enfrenta a la indiferencia,
extrañeza e incomprensión del estado chileno. La toma de partido por los
isleños es clara y aparece bien justificada, tampoco cae en maniqueismos. La
familiaridad de los figurantes del estado, reificados por la constancia
televisiva (Bachelet y los senadores),se contrapone a esa otra familiaridad,
en el sentido de intimidad, que paulatinamente va asumiendo la pareja. Son
actores sociales en el sentido documental y también en su incidencia en
diversas estrategias generadas por ellos mismos para la isla, como la
discutida restauración de sitios arqueologicos o la recuperación de una planta
en peligro de extinción. Generan así un contrapunto a la negligencia y
pasividad de “los servidores publicos”. Esa es solo una de las aristas de este
documental work in progress durante años y que podria seguir continuandose
mientras no termine el descontento entre los isleños. En mi caso dejo clara la
idea que antes era una intuición: isla de pascua no tiene nada que ver con
chile y sus habitantes no se asemejan a los del “conti”, pese al esfurzo
manipulador de una teleserie.
Agradecemos a todos los colaboradores y personas que cedieron sus textos para este número.
Índice de contenidos
CONTENIDO GENERAL
Artículos
Entre el 28 y el 30 de octubre, el área de investigación y publicaciones de la Escuela de Cine de la Universidad Arcis realizará el Coloquio “El Cine que fue, 100 años de cine chileno”. La actividad que considera el inicio del cine local simbólicamente con el primer cortometraje de ficción que se filmó en Chile, Manuel Rodríguez (1910) se realizará en la Sala Helvio Soto (Huérfanos 1721).
Hacia finales de los años noventa, se hizo patente una necesidad política: aumentar de forma considerable la producción cinematográfica en Chile. Esto ha estado acompañado no sólo del progresivo aumento de la producción, si no que además se multiplicaron las escuelas de cine, los festivales locales, la participación de películas en festivales extranjeros y los estrenos en sala. Con mayor o menor rendimiento, se instaló una premisa: en Chile se debe hacer cine.
Desde sus inicios el problema del cine nacional se transformó en un problema político, su industrialización tuvo varias etapas, nunca consolidadas y todas truncadas, hasta la actualidad sigue perdurando la discusión. De esta misma forma, la pregunta estética por el tipo de cine que hacer en Chile, en tanto diferencia frente a otras cinematografías como su relación con una pretendida cultura nacional homogénea, han marcado la discusión entre realizadores desde el cine mudo hasta la actualidad, ensayando múltiples formas de lo mismo.
El Coloquio “El Cine que fue, 100 años de cine chileno” reunirá en sus distintas mesas a investigadores y académicos dando cuenta de la fértil producción teórico-académica actual y la multiplicidad de formas de abordaje del cine chileno de ayer y hoy. Un espacio para repensar el cine nacionl y establecer puentes de discusión en el marco del venidero centenario de la producción local.
Coloquio: El cine que fue, 100 años de cine chileno
PROGRAMA
28 de Octubre
PALBRAS INAUGURALES (17:00 a 17:10 hrs.)
LECTURAS DE LA CRÍTICA (17:10 a 18:50 hrs)
Expositores
IVÁN PINTO - Al rescate de una (no tan antigua) tradición moderna. Crítica, hegemonía y pensamiento desde el cine.
CLAUDIO SALINAS - Discurso cinematográfico y discurso crítico. Proyecciones de un campo cultural desarticulado
CAROLINA URRUTIA - Derivas de la crítica de cine contemporánea
DE RODRIGUEZ A CHAMORROS (19:00 a 20:45 hrs.)
Expositores
MARIA PAZ PEIRANO - CHILEFILMS: Aproximaciones al proyecto industrial cinematográfico chileno (1941-1949)
LUIS HORTA - Aproximación histórica a la película muda “El Húsar de la Muerte”
JOSÉ M. SANTA CRUZ G. - BOHR, lectura de un cine ausente
29 de Octubre
REPRESENTACIONES DE LO CINEMATOGRÁFICO (17:00 a 18:45 hrs)
Expositores
PABLO CORRO - Masa y plano general en el cine chileno
MARGARITA ALVARADO – Transposición de Pascual Coña. Del texto literario a la imagen cinemática.
EDUARDO SANTA CRUZ A. - Entre huasos y rotos. Identidades en pantalla. El cine chileno en la década de los 40
LARGO VIAJE A LA FRONTERA (19:00 a 20:45 hrs.)
Expositores
HANS STANGE - La ‘invención’ del cine chileno en el documental universitario de los años 50
TIZIANA PANIZZA - La video creación en los ochenta: 3 experiencias de contracultura
LUIS MORA – La irrupción de la modernidad con los tigres de Ruiz
30 de octubre
DIMENSIONES DE LO POLÍTICO (17:00 a 18:45 hrs)
Expositores
CAROLINA LARRAIN - PÚBLICO/PRIVADO - ANÁLOGO/DIGITAL; Una tentativa acerca de las transiciones en el cine chileno en la era del digital
CLAUDIA BARRIL - El yo en el documental chileno: una nueva forma de escritura política
CARLOS OSSA S. – Las heridas visuales de la comunidad.
CINE CONTEMPORÁNEO CHILENO (19:00 a 20:45 hrs.)
Expositores
ROBERTO TREJO - Cine, neoliberalismo y cultura
ANTONELLA ESTÉVEZ – Joven cine chileno; en la movilización de los márgenes.
MIGUEL ÁNGEL VIDAURRE – Cine chileno contemporáneo: Lo fantasmático obliterado
Presentación del libro “Evidencia física” , con Kent Jones en Skype

Bill Plympton, estrella absoluta del FICV09

Asistentes a Master Class de Plymtpon

Presentación de “La imagen quebrada” de Udo Jacobsen y Sebastián Lorenzo + charla de Tiziana Panizza

Charla “Cine latinoamericano”, parte de las actividades paralelas de laFuga.cl, con Victor Cubillos de anfitrión
Por: Iván Pinto

Cánon. Tengo la impresión de que la versión XVI FICV es la de un festival “en transición” que corrobora tanto que anuncia algunos puntos que definirán su futuro, ya sea por el alto nivel de producción, como las diversas actividades que se han instalado como apoyo definitivo a la industrial local (sesiones de co-producción, WIP, Workshops), la mencionada “ventana” (que visto a la distancia parece estar enfocada tanto al público general pero también a posibles distribuidores y programadores de festival). No tenemos idea que significa esto y de que forma afectará a esa otra veta del festival que ya hemos mencionado ligado no solo a un compromiso con el cine “de calidad” (dudosa etiqueta que propongo tirar al tacho de la basura), como a aquellos cines quizás más “precarios”, de vocación más “experimental” o de indagación. Maza- que definió en gran parte el ambiente “en torno” al festival, tanto por su interacción permamente como por el entusiasmo que emanaba en el marco de FICV09, sus twitteos y blogueos constantes- proponía “dar vuelta la sospecha” de la crítica, en el sentido de apoyar ciertas cintas que a nivel de criterio podían “estar más el medio” posición que en definitiva significa una vocación por la emoción, la narración y menos por el rechazo a esas formas. Le dí un par de vueltas a eso. Mucha gente parecía coincidir en el marco del festival en esa necesidad, un cine “un poco más al centro”, menos ruptura, más convención, menos distancia, más emoción. Curiosamente, sin embargo, creo que la gracia de Ficv09 pasaba en parte no sólo por la diversidad, y su vocación comprometida con sendas retrospectivas, si no por la apertura a esas otras cintas que si no las vemos acá, prácticamente no existirían en nuestro mapeo (Rousseau, Andrizzi, Érice, Retros del decenio, Lockhart). Existe una economía de la experiencia fílmica; previsible como el hecho que la italiana La Pivellina (Ficción documentalizada, una familia que trabaja en el circo debe hacerse cargo de una niña abandonada, ciertos toques del Fellini de La Strada y la suma de realismo con algo ludismo y encanto) iba a ganar el voto del público y que algunas películas las salas iban a vaciarse. Lo interesante es el rango en que ello se puede mover y las formas de su transacción y el desafío el que hacer con ello. Al forzar las líneas curatoriales, el eje tiende a correrse. Me preguntaba si antes del éxito del cine de los Dardenne La Pivellina podría haber estado considerada más “hacia el costado”. Pues bien. Creo que de eso se trata. No de estar al medio- y defender una vez más el cánon emocional y narrativo- si no de “no dar por hecho”, de llevarlo hacia otras zonas, de negociar sus límites.
Inmediatez y demora. No es un secreto, pero creo que la cobertura laFuga de este año dejó algo que desear. Tiene su explicación en varias cuestiones - perdida de nuestro blogger estrella, Murillo; llegada un poco posterior de Carolina; mi actividad comi jurado e imposibilidad de hablar de las películas durante el festival-. Eso también me lleva a una reflexión sobre el blog y el twitteo. Se nos interpeló no solo desde el festival, como desde afuera de él por las demoras en el bloggin. Algo ha cambiado en el último tiempo no solo con el blog- primer paso que daba cuenta de la posibilidad de reducir el tiempo de escritura y publicación- si no con el facebook- red social- y el twitter- que es la capacidad de decir mucho en el menor lapso de tiempo y espacio-. En definitiva son herramientas de difusión y conección en red que ayudan a estar en la contingencia- necesidad de inmediatez- pero no de profundización ni de análisis, ni menos el lugar correcto para decir algo con relativo sentido. El blog, por ejemplo, debe hacer uso de otros recursos: el de la crónica o el ensayo, de la columna de opinión y la exposición de ideas. Su puesta al límite de la argumentación - y, por ende, a los juegos con el lenguaje y la ironía- no dicen necesaria relación ni con la crítica ni la capacidad de profundidad de un análisis, tienden más bien a lo “post-crítico”. Ya no es necesario discutir el porqué un film merece ser visto, por que la obra de un tal autor es relevante, si no a establecer objetos por “dados” (un sí o un no, código binario), ayudar a apurar una agenda- en este caso la agenda del cine- para esperar su próximo momento; en defnitiva una extensión de la lógica de los medios y no su ruptura. Lleguemos luego: todo esto da cuenta de otra cuestión ¿a donde van a parar todos esos textos? ¿toda la palabrería dicha? Creo que lo que pierde de vista tanto el twitteo como el blogging es el archivo (cuestión sí central para la crítica). Creo que la crítica está interesada menos en decir y desechar que en establecer los criterios, programas, conjunto de ideas o autores que establecen un campo, una memoria fílmica- en constante movimiento- y que permiten un horizonte posible. Quizás he ahí mi desánimo muy personal con el blogueo. En algún momento pensé que podría haber sido una bonita extensión del juego de Daney “pensamiento del instante”, donde crónica, crítica, futbol y televisión se mezclaban en un discurso fragmentario. Hoy, para mí, la pregunta es otra ¿como desafiamos a la inmediatez? ¿que decir en esos lapsus para apuntar a pequeñas rupturas del continuum? Las demoras son interesantes, me seducen. Y sigue siendo la máquina la que exige la respuesta confesional (hable! como se siente! diga algo!) y menos sus lapsus y silencios.
Lanzamientos. Aún así, aquí estamos. Hemos salido de un Festival de Cine y algo nos hace estar ahí. El sueño de una comunidad (en los diálogos y las imágenes) también nos seduce, nos lleva a las salas. Es como si todo lo que ya no pasa en las salas de cine en lo cotidiano se concentrara para jugar a los secretos, al misterio, a la expectativa, la sorpresa o al miedo. Y quizás debamos agradecer que aún sea “el cine” donde esta experiencia se concentre. La presentación de La palabra quebrada el libro de Udo Jacobsen y Sebastián Lorenzo del día Lunes 19 tuvo mucho de eso. Un libro- objeto (que ya está disponible on-line y que podrá ser adqurido pronto materialmente), lleno de secretos a descubrir, sobre el cine ensayo, pero también sobre investigar y perderse, pensar y jugar (o jugar a pensar), sobre la poesía de Juan Luis Martinez, el misterio eterno de los gatos y por supuesto, el cine, “esa forma que piensa, ese pensamiento que forma”. A su vez, pudimos asistir a la presentación de la investigación que se encuentra llevando a cabo Tiziana Panizza sobre la relación entre Joris Ivens y Chile, quien nos relató la cantidad de sucesos accidentales y de los otros, que la llevó a encontrar fotografías con nuestros queridos Pedro Chaskel, Sergio Bravo y otros, o documentos perdidos de esa época, así como la increíble historia de Ivens el viajero, cineasta que pasó del cine experimental al documental poético o al cine militante en una cruzada internacional, política y llena de anécdotas.
Respecto al lanzamiento de Evidencia física de Kent Jones, puedo decir poco, ya que tuve que salir a deliberar, vía Skype y con un desánimo inicial- fruto de su ausencia en el festival, no es ningún secreto- mi última imagen fue la de Jones proyectado a toda pantalla en el salón Vip de Dreams Hotel y el comienzo de una charla que se veía auguriosa y sobre todo un pequeño homenaje a Manny Farber, crítico de cine que de alguna forma establece un diálogo apócrifo con el libro de Jones, en cuanto a familiaridades y cercanías, campos e hilos de conección que ligan autores, ideas y cinematografías.
Algunas.Tengo que decir que lo mejor que ví, y esto intento decirlo lejos de todo intento de subirme a la ola (me sorprendieron con detalles sobre premios y financiamientos del film) fue Independencia de Raya Martin, película que sin mucha duda decidimos premiar con Jorge García con el premio de jurado de la crítica, aun cuando un tercer voto iba para la sólida The Anchorage. Me pasó que nada de lo que había visto me había llamado la atención, y las que si lo habían hecho tenía una relación con algún asunto externo. En el caso de Excursiones, la sorpresa del retorno de alguien que estimamos mucho en este sitio, el director argentino Ezequiel Acuña, con una película donde los personajes esta vez- y aún llenos de titubeos- “hablan”. De su vida, sus proyectos, el pasado en el marco de un reencuentro de viejos amigos en los cuales el tiempo y la distanca ha dejado sus huellas. Como dijo Raúl Camargo “Acuña es un director que ha crecido junto a nosotros y las cosas que describe son las que nos han pasado a nosotros”. Un nosotros que posiblemente bordee los treinta y aún extrañe espacios menos adultos, menos decisivos y más lúdicos. La otra Turistas, algo similar, con la dignidad de una segunda película donde el paso del tiempo de su anterior obra Play se nota y aún con titubeos, también se trata de un personaje que debe “decidir” algo, un paso próximo hacia algún lugar. Pero en Excursiones los personajes vuelven a sus rutinas, para desde ahí reencontrarse en una dimensión “real” de la relación, en Turistas más bien se trata de decir adiós a una relación y la escena de la despedida entre los dos personajes tiene tanto de triste como de tragicómico. Una película cool versus otra cálida de dos directores cuyos regresos celebramos el regreso a las pistas. Luego, con el resto de las pelis, tengo una sensación de familiaridad o inscripción sólida pero sin rupturas: documentales de observación con alguna intervención, ficción de adolescentes suicidas, películas cuya aproximación no me interesó por ser documentales clásicos con un tema novedoso o un cierto minimalismo de tendencia que me produce algo de sospecha. Debo decir, en todo caso, que nada de mal nivel aunque si películas muy discutibles (caso de Noticias de Perut Osnovikoff que no me agradó como a Victor y sobre la cual espero explayarme pronto). El caso de Independencia es del todo sorpresivo. Esperaba encontrarme con una película de tufillo vanguardia y me encontré con una sólida tragedia íntima, filmada con planos similares al cine mudo- cuerpo completo, fotografía de alto contraste, achatamiento de los planos, escenarios artificiales y asfixiantes- y una narración que por un lado se podía seguir linealmente - salvo algunas interrupciones, a decir verdad, una- y por otro pasaba facilmente de una tendencia documental a una más expresionista, no sólo por el alto contraste y el uso de la sombra, si no por la creciente espectralización de la trama y el rol que cumple tanto la naturaleza como aquellos “otros” que lentamente empiezan a aparecer. Metáfora de un país- Filipinas- constantemente invadido y destruido por fuerzas externas- las enfermedades, las tormentas, la colonización- Independencia debe ser una de las películas que más me ha impactado en el últimpo tiempo, tanto por su fuerza expresiva como por su grito desesperado y ahogado que marca un final tan trágico como enfático. Si algo le sobra a esta película es misterio, entendiendo por ello la dificultad de su clasificación en algo que no sea una poética radical.
Vi algo más. Mitómana de Sepúlveda, confirma la fuerza expresiva y política del director de El Pejesapo, aún más fragmentado e irruptivo, así como autoconciente en los recursos - que pasan de la ficción al documental y viceversa- al nivel de incorporar mediante sus personajes un segundo nivel de discurso sobre su propio rol durante la filmación. Pero me fui después de que vi la mejor secuencia, poética y trágica, el paseo del personaje central con una niña marginal de población hacia las afueras de Santiago (un santiago “arrabalero”), con un diálogo inconcluso, confesional e imágenes apocalípiticas de esta ciudad. Para Sepúlveda, imaginaba, la guerra no ha terminado. Hay grandes murallas que anuncian un desastre. I married a strange person absurda sátira de Plympton de la vida en pareja que comienza como screwball comedy y termina como peli de espías, con los descuartizamientos, y el sexo desenfrenado que le es habitual (que cantidad de tripas!), algunos fragmentos hermosos de Trance de José Luis Torres Leiva- que parecieran ser “anticlips”, otros modos de producir encuentros entre música y cine, siempre con algún “modelo” o “actor” como excusa, acaso el puente entre la emoción del espectador y la música- y, bueno, una de las más comentadas, repudiadas, defendidas del festival Noticias de Perut- Osnovikoff, pareja que he defendido hasta el cansancio en otras ocasiones pero que ahora no será el caso. Su película esta vez me produjo un cierto agotamiento físico y creo que no por el buen sentido. No se trata de moralismo- a quién le importa, en definitiva, que se muestren cadáveres en pantalla o se comparen ( mis escenas favoritas) humanos y animales- al amor por la deformidad, lo animal, lo biológico y el uso habitual del montaje como constructor de discurso y ritmo acelerado y contradictorio ligando sensaciones e ideas (y en ese sentido son cineastas ideológicos). Sin embargo acá la muerte ha dejado de tener un rol, una distancia, un punto de apoyo para una reflexión de otro tipo, para definitivamente cortarnos el deseo: donde pensábamos que iba a ver desarticulación y desmontaje nos encontramos con la precocidad del encuentro objetual- por ende, llega al asco- y por ende ya no vale la pena contar o seguir viendo… lo de los P+O esta vez es el ataque frontal al deseo de ver, al espectador - muy instalado en las formas del “directo” y la construcción veloz del montaje- para llevarlo de frente al final. Si ya no hay “nada”- y digo “nada” como un cadáver - dificilmente quiero seguir viendo: se acaba el juego, la falta, el fantasma. Me preguntaba ¿y que más podrán seguir filmando después de esto? Las posibles respuestas me dieron terror.