El cine de Ignacio Agüero

El documental como la lectura de un espacio

Por Antonia Girardi

Biografía +
Antonia Girardi es Licenciada en Estética, Diplomada en Teoría y Crítica de Cine y Magister C en Estudios Latinoamericanos. Es co- autora de los libros El novísimo cine Chileno (Uqbar, 2011) y Film on The Faultline (Intellect Ltd, 2015). Actualmente hace clases en el Diplomado en Teoría y Crítica de Cine de la Pontificia Universidad Católica de Chile, programa en FIDOCS el Festival Internacional de Documentales de Santiago, y coordina los Laboratorios Audiovisuales del archivo digital www.contenidoslocales.cl
 
 

Este libro existe, quisieran pensar las autoras, desde que sus caminos se cruzaron a fines de los noventa en los patios silenciosos del Campus Oriente, y la idea de escribir juntas las punzó a ambas como un pequeño trasatlántico escondido bajo la ropa.

Con la emoción de un viaje en el que apenas se vislumbra el itinerario, Valeria de los Ríos y Catalina Donoso se embarcan en la aventura de abordar críticamente la obra completa de Ignacio Agüero, con la certeza de encontrar ahí una pieza fundamental para pensar el cine chileno contemporáneo. Compartiendo un mismo amor, un mismo dejarse afectar por ciertas imágenes congeladas o en movimiento, escriben a cuatro manos un libro que a pesar de sus raigambres académicas, deja en claro que su motor es el placer.

El placer de saldar una deuda, de analizar en extenso una obra todavía en construcción, pero sobre todo, de encarnar esa feliz metamorfosis del texto que termina asimilándose a su objeto de estudio, contaminándose de sus lógicas, entretejiendo con él su horizonte de sentido. Tal como el misterioso protagonista over de Sueños de hielo (1993) que poco a poco va tomando la invisible fisionomía de un iceberg, en El cine de Ignacio Agüero. La lectura de un espacio los capítulos trazados no se conforman con una lectura cronológica o temática de las obras, sino reproducen eso que el documental mismo de Agüero se propone: ser la lectura, y aquí agregaríamos ‘la escritura’ de un espacio. En este caso, el ‘espacio’ en cuestión es la filmografía de Agüero, su cine como un territorio por recorrer y cartografiar.

Como si las autoras intentaran descubrir de qué están hechas las películas de Agüero los primeros capítulos se centran en la reflexión sobre el cine y otras formas de intermedialidad presentes en toda su obra, y en los imprecisos límites que establece entre los distintos tipos de archivos y la ficción, siempre acechante y ofrecedora de nuevas rutas. Sentadas estas bases, el análisis se centrará en la dimensión espacial y afectiva que tamiza todas las esferas de lo real abordadas por el cineasta. Esto, abordando las diversas figuraciones del yo y los otros; la vinculación del trabajo y los afectos a partir del quehacer cinematográfico; y finalmente, la exploración exhaustiva de diferentes espacios y desplazamientos dentro del cine de Agüero, que dan cuenta de una política cinematográfica definida por un cierto modo de entender el documental definido por una experiencia del espacio particularmente afectiva, ligada a la propia biografía de Agüero.

Acá, el espacio no se limita a las fronteras tangibles que definen un lugar y que describen una composición visible, sino que alberga además una serie de relaciones entre lo inmediatamente perceptible y las múltiples referencias con las que dialoga, así como la vinculación con quienes vulneran los límites de su territorio, afirman las autoras a propósito de dispositivo que pone en marcha El Otro día. En Aquí se construye (o ya no existe el lugar donde nací) (2000) la cámara funciona como un ‘aparato mnemónico’ que permite registrar un espacio en extinción, a través de la creación de mapas cognitivos para moverse en una ciudad modificada por transformaciones urbanas que la han vuelto irreconocible.

Pero, como en un mapa del tesoro donde el espacio diagramado se transforma en la clave para acceder a una dimensión otra, en este libro no sólo hay zonas coloreadas, líneas rectas que deslindan un territorio y dan noticias de su geografía, sino también, animales sorprendentes y pistas dejadas al azar. De esta forma, las autoras no sólo establecen temáticas claves e hilos conductores, sino que nos entregan el escarabajo de oro para transitar dentro de la cartografía que dibujan.

Más allá del sólido entramado que se despliega ante al lector al abrazar la filmografía de Ignacio Agüero hilvanada por los ejes conceptuales propuestos por las autoras, nos detendremos en las señales que la propia estructura del libro regala, invitándonos a embarcarnos en la búsqueda de la hipótesis inicial, esa que consigna al cine documental de Agüero -y como una especie de manifiesto, al cine documental en general-, como ‘la lectura de un espacio’. Como el título lo señala, Valeria de los Ríos y Catalina Donoso abordan este corpus de obras que va desde el cortometraje Hoy es jueves cinematográfico (1972) hasta El otro día (2012), a través de la misma operación ‘geométrica’ que Agüero utiliza para definir su práctica del documental, que para las autoras, en esta última película se explicita y radicaliza. Así, la casa del realizador con su emplazamiento, las imágenes que la pueblan y cada uno de sus umbrales, se transforma en ese espacio central desde el cual se trazan líneas hacia otros puntos de la ciudad que darán origen a múltiples encuentros. Esa ‘lectura’ cinematográfica del espacio, traería consigo una escritura colectiva, hecha de flujos y contaminaciones, que para las autoras se acoge no sólo a una particular sensibilidad espacial del autor, sino también al ‘giro afectivo´ experimentado por las humanidades y las ciencias sociales en los últimos años, que incorpora a las emociones y los afectos como territorios válidos de producción de conocimiento.

Para efectos de un cine documental latinoamericano contemporáneo donde a su vez se percibe un giro hacia lo autobiográfico, y en particular en el cine de Agüero donde la insistencia de la primera persona pasa necesariamente por una salida de sí mismo hacia los otros, lo interesante de este giro hacia lo afectivo, sería la posibilidad que ofrece de revisar críticamente la división tajante entre interior y exterior. Esto es, cuestionar “El espacio de lo común situado en la esfera pública y las viviendas íntimas, tradicionalmente localizadas en una zona imaginada como ‘interior’” (De los Ríos y Donoso, 2015, p.112), para poder vislumbrar nuevas formas de subjetividad concebidas como un entramado de lo ‘singular plural’.

En este sentido, no es casual que el cuerpo de esta obra hecha a dúo dialogue a su vez con otras dos voces: la voz directa de Ignacio Agüero sobre sí mismo por el Oriente; por el Poniente la voz diferida de José Luis Torres Leiva mencionado a raíz de su película ¿Qué historia es esta y cuál es su final? (José Luis Torres Leiva, 2013) donde se aborda la biofilmografía de Agüero en relación a las casas en las que vivió, construyendo una suerte de fuera de campo de la operación fundante de El otro día. Prólogo y epílogo, se refieren al cine documental de Agüero como un lugar de encuentros, un lugar discursivo donde lo espacial y lo afectivo se construyen mutuamente, como dimensiones permeables e indivisibles. Un lugar donde una casa puede ser, como dice Agüero, la primera escuela de cine, al proponer con sus ventanas una multiplicidad de encuadres que lo inician en la educación sentimental de su mirada. Una conciencia del cine donde el mundo entero se define como la conjunción de los encuadres de todas las ventanas, o bien, una multiplicidad de interiores expuestos a la constante irrupción del afuera. Nuevamente el encuentro del yo y los otros, dado por las circulaciones afectivas y efectivas dentro de un espacio, que es a la vez mnémico y del presente, cognitivo y geográfico, singular y plural.

Este lugar excepcionalmente problemático, en constante diálogo con la ficción y el archivo, es para las autoras el espacio del documental. Un cine que más allá de entablar una relación con lo real, adoptando los códigos de los distintos discursos de sobriedad, asume la tarea de leer críticamente y construir de manera colectiva un nuevo espacio, que si bien se nombra subjetivamente, incluso a través de una primera persona singular, se aleja del propio centro, para ir a encontrarse con el otro. De este modo, erigiendo a El otro día como una pista fundamental para leer la obra completa de Agüero, el libro se estructura de manera cartográfica, en relación a temas que reaparecen y dialogan a lo largo de toda su filmografía, en torno a ejes temáticos diferentes que sin embargo convergen, cual cordillera de los Andes, en una misma columna vertebral.

 

 
Como citar:
Girardi, A. (2016). El cine de Ignacio Agüero, laFuga, 18. [Fecha de consulta: 2017-08-18] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/el-cine-de-ignacio-aguero/796