El diablo probablemente

Crónica de una muerte anunciada o el apocalipsis según Bresson

Por Eduardo Nabal Aragón

 
 

Robert Bresson es un autor difícil, de extraordinario prestigio entre un sector de la crítica especializada y cada vez mayor reconocimiento como un nombre clave del cine francés, europeo y universal; pero su obra sigue conservando el mismo hermetismo que causaba y causa estupefacción o incluso aburrimiento en  un amplio sector del público en general.

La reedición en DVD de varias de sus obras claves viene a despejar y a la vez  reabrir este misterio. Director reivindicado por autores españoles como Marc Recha y José Luis Guerín y admirado por la nouvelle vague, Bresson sigue siendo objeto de un escaso número de estudios serios y su influencia posterior sigue siendo difícil de precisar. En este artículo quiero centrarme en una de sus últimas y peor conocidas obras “El diablo probablemente” (1977)

La radicalidad narrativa de Bresson, hoy quizás ya no tan nueva en su planteamiento inicial, lo lleva a iniciar este misterioso y fascinante filme con el plano fijo de una noticia de prensa: el suicidio-asesinato del protagonista de la cinta. Pero, una vez más  en Bresson, lo importante no es lo que se cuenta sino el modo en que, a través de su inconfundible manera de contar, todo adquiere nuevas resonancias que van desde lo psicológico a lo político pasando por lo metafísico y si se quiere, de un modo poco ortodoxo, lo religioso-filosófico. El autor de “El proceso de Juana de Arco” y “Un condenado a muerte se ha escapado” se centra en el deambular de Charles (Antoine Monnier) un joven ¿rebelde? ¿desorientado? obsesionado con la idea de su propio suicidio. Sin embargo, y si no fuera por determinados gestos y relaciones con objetos como la posesión de  un tubo de cianuro, un cuaderno de anotaciones y un revólver o pequeños hurtos, su conducta no es muy diferente de la de los jóvenes tristes y desencantados que lo rodean, incluyendo a un adicto a la heroína al que trata de ayudar inútilmente. “La revolución ya no es posible. Es demasiado tarde” dice Alberte (Tina Irissari)  una de las dos parejas femeninas del protagonista, integrante de un grupo que se reúne tanto para proclamar, sin mucho convencimiento, la “autodestrucción” como para estudiar las catástrofes ecológicas, el potencial devastador de la energía nuclear y el resultado que las políticas de explotación del medio ambiente tienen sobre el  medio natural y los seres vivos.

Ellos mismos parecen víctimas de esta situación de deterioro social, ambiental y existencial. El amor ya no es posible, o al menos no ya del mismo modo, y el silencio expresa esta ausencia. Algo banal puede volverse trascendente cuando el director así lo quiere y acciones terribles o catástrofes humanas pueden tornarse de igual modo momentos banales en la cinta.

Estamos ante el retrato coral de un estado de ánimo generacional. Pero Bresson no pretende tanto el retrato de unos jóvenes post-sesentayochistas ni siquiera un filme sociológico sobre un sector de la juventud -aunque algo de esto queda como telón de fondo- como una  particular tesis sobre el fin del mundo a través del camino hacia la autodestrucción de un joven diferente y a la vez del montón. Un filme fatalista y al mismo tiempo inclasificable ¿Es el autor de “Pickcpocket” un pesimista? Si, pero no al modo bergmaniano sino más bien al modo en que lo son otros autores franceses fascinantes, personalísimos e infravalorados como Franju,  Becker o  Melville. Prefieren plantear interrogantes, penetrar en las heridas, pero sin dar soluciones (como hoy tampoco lo hace el austriaco Michael Haneke). Bresson es en algunos momentos moralista, pero siempre nos quita la certidumbre de cualquier lección ética definitiva. Y de ahí la importancia de su estilo, desnudo, hecho de fueras de campo, desmintiendo a través de la planificación cinemática cualquier posible  teatralidad mediante el uso de  primeros planos de objetos o de cuerpos humanos,  sonidos en off y  diálogos melancólicos que, en este caso, pueden sonar hasta ridículamente sentenciosos.

El diablo probablemente” es argumentalmente una tragedia nihilista, pero no está filmada como tal sino como una odisea personal triste pero a la vez dotada de una extraordinaria vida, la misma vitalidad que desprendían los meticulosos esfuerzos por escapar del protagonista de “Un condenado a muerte se ha escapado”. El realizador no teme irritarnos, pero sus intenciones son siempre precisas como ocurre en esa discursiva sesión de Charles frente a un pedante psicoanalista que, lejos de ayudarle, le proporciona la idea con la que  poner fin a su existencia. Bresson, que comenzó siendo un pintor y nunca dejo de serlo admitió temer el uso del color. Aquí lo emplea de modo harto creativo, con una mezcla de belleza y oscuridad. En esta ocasión se vale  de un operador de excepción, exportado del mejor cine italiano de los setenta: Pasquale de Santis que se adapta plenamente a la algo funeraria pero a la vez humanísima gama cromática bressoniana, renunciando al preciosismo pero sin caer tampoco en la suciedad, a pesar de lo sórdido de algunos de los personajes que pueblan la trama y de lo incomprensible de muchas de sus acciones, que incluyen el robo de los cepillos de una Iglesia donde van a dormir o continuas separaciones y reencuentros del cuarteto protagonista, Charles, Alberte, Edwige y Michel, el mejor amigo del protagonista y el que con un extraño estoicismo trata de ayudarlo pero no cesa de juzgarlo por su relación con las dos jóvenes.

El diablo probablemente”, a pesar de su ubicación histórica y geográfica, es, como casi todo el cine del maestro francés, una obra autárquica, fuera del tiempo, casi testamentaria (después realizaría “El dinero”, otra película inmensa),  la obra de un autor que, como Visconti, Bergman, Fellini, Mankiewicz, Buñuel o Kurosawa en registros bien diferentes pero en la misma época de crisis y renovación de la industria del cine,  ha decidido seguir por su propio sendero fílmico, adoptando algunos aspectos del nuevo cine y del nuevo mundo que retrata, pero sin abandonar su propia indagación ética y particularmente estética y, en cierto sentido, como los buenos pintores,  “pintando siempre la misma flor”.

 

 

 
Como citar:
Nabal, E. (2005). El diablo probablemente, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-12-14] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/el-diablo-probablemente/212