Elogio de la pornografía

y de las perversiones que ella acarrea

Por Jorge Sepúlveda

Biografía +
Jorge Sepúlveda T., Curador Independiente y Editor Revista Digital Sepiensa [debate.arte.sociedad]. Ha realizado y asesorado más de 25 exposiciones colectivas e individuales de artistas chilenos contemporáneos. Sus artículos y comentarios sobre arte están disponibles en www.curatoriaforense.net. Ha realizado publicaciones y charlas sobre artes visuales contemporáneas, circuito de arte, fondos culturales públicos, imaginario artístico e imaginario social en diversos medios entre los que destacan Documenta 12 Magazine, Artenlinea, ArteyCritica y Revista Plus
 
 
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Los objetos del entendimiento siempre están desnudos

El poder de las imágenes. David Freedberg

En lugar de una hermenéutica necesitamos una erótica del Arte.

Contra la interpretación. Susan Sontag

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Predicar con la polla en la mano. Más que afirmar que me gusta la pornografía prefiero decir que he pasado horas dedicado a ella: viéndola, sacando ideas, definiendo mis gustos, pensando en ella y evaluando las consecuencias de su ejercicio. Para mí la pornografía es material pedagógico, ahora me dedicaré a explicar por qué.

En lo principal porque el graphos de lo porno es un elemento de articulación de ideas<sup> </sup>1Cualquiera sea su formato la imagen contiene una carga cultural necesariamente ideológica. La sola distancia de su reconocimiento como “representante” lo diferencia de lo representado y circunscribe lo que de ello se puede pensar que actúa en la práctica, es una discursividad objetuada que hace indistinguible la separación que acostumbramos entre ejercicio elucubrativo y uso de la corporalidad.

La pornografía es una forma de decir algo de la sociedad, es una herramienta como lo es la poesía y la ciencia, pero también es una forma de hacerlo. En la pornografía la representación y lo representado coinciden hasta el orgasmo, o simplemente no.

El problema entonces es cuando el lenguaje hace algo. Este algo que se dice de otro ocurre desde un punto de enunciación y para convertirse en comunicación requiere de un espacio de intercambio<sup>. </sup>Lo que es callado sólo constituye una elucubración y lo que no es recibido es soliloquio. Esta presunción que realizo acá puede ser precisamente uno de los puntos más conflictivos de este texto: podríamos decir que los objetos de la pornografía hablan, pero no necesitan ser escuchados, ya que contienen formalmente toda la relación que pretenden. Sin hacer innecesaria apología de la libertad de expresión 2Baste mencionar a Hugh Heffner y Larry Flynt como ejemplos de iniciativas libertarias-empresariales que hicieron uso de lo (entonces considerado) pornográfico (y del deseo que provoca) para abrir espacios y mercados para contenidos no permitidos en un ejercicio siempre Barely Legal, el que al ser perseguido legalmente construye su espacio dentro de la legalidad. No me extenderé en las relaciones posibles entre Sistema de Arte y Arte – Político podemos decir que la pornografía ha sabido construir su validación argumental y con ello construyó sus modos de uso.

Esta construcción es continua pero inestable, ambas condiciones características de cualquier iniciativa que toma por objeto algo que (apenas) se define intermitentemente en función de artificios representacionales para el deseo.

Esta brutalidad sólo quiere decir que la pornografía es un excedente del ejercicio de intentar objetuar en imagen algo que ocurre fuera de la imagen y de lo imaginable (de lo que se puede hacer imagen). Lo grafiado son los sujetos y los objetos (junto con las posibles relaciones, combinaciones y geometrías) en donde eso (el deseo) sólo asienta ocasionalmente.

Sin embargo, el excedente es persistente, aunque el deseo no lo sea (para ese objeto a lo menos). Luego que esta imagen está consolidada constituye la base del siguiente desplazamiento del deseo. Es decir, la imagen construida se convierte en lo ya visto.

¿Quiere que me quite las bragas, señorito? Uno de los triunfos de la pornografía es que nos permite confundir el objeto con aquello que señala. Esta indiferenciación construye un sucedáneo que nos permite suplantar la intención con lo hecho. Esto no es difícil de dilucidar.

La mecánica de la pornografía actúa por innovación, reiteración y olvido. Parte de lo que nos atrae es encontrar aquello que no ha sido pre-visto, todos los sujetos asumen (para su eficiencia) que del ámbito de lo que existe sólo hay una parte que conoce, de lo demás sólo supone su existencia y esa suposición invita a buscarlo o a construirlo, que para el caso es lo mismo. Hallar una fotografía es construir su momento antes y su momento ahora.

Otra parte de la mecánica es que de lo ya-visto se pueden usar múltiples variaciones: es decir se constituye un rango donde la variación de sus componentes (apenas diferentes) facilita lugares previsibles y favorecidos para el asentamiento del deseo. Este es el espacio para las predilecciones y las predisposiciones, el espacio de las conductas obsesivas, obsesionadas en la satisfacción.

Por último el olvido implica un re-conocimiento, dado que los niveles de atención y diagramación se vuelven irrelevantes, en el uso de la pornografía la persistencia de la memoria de los sujetos es innecesaria. ¿Necesitamos saber si esto es ya-visto? Sólo para descartarlo o para usarlo reiterativamente. El olvido nunca fue tan activo.

Aquí llegó por quien llorabas. El refinamiento de la industria de la pornografía, su legalización primera al convertirse en lenguaje y su legalización segunda al convertirse en actividad publica admisible hizo posible el desarrollo de herramientas de circulación del mensaje (crítico) contenido como grandes paquetes de información.

Esto, que a primera vista podría inducirnos a hablar de una estandarización de los contenidos, derivó en un perfeccionamiento de la editorialidad del contenido.

Los sitios web de pornografía han perseguido al deseo mediante un refinamiento editorial<sup> </sup>3Como comentaba en el seminario de Editorialidad de las Artes, y en la charla anterior realizada en Rosario, la cuestión ética no es un asunto de la editorialidad en tanto que ejercicio de la capacidad de inducir pedagógicamente unas decisiones sobre otras (cosa que comúnmente se realiza por la condena) sino de la moral en tanto que el modo que se vive que ocupa herramientas de economía visual, simbólica y estratégica relevantes.

Los gestos, las coreografías y los estereotipos siguen secuencias delimitadas que van cubriendo el campo suficientemente. La pornografía tiene la noción de honestidad de un objeto, no quiere más que aquello para lo que es usado, por eso no pretende ser abarcante sino remitida. Disponible.

Otra noción de efectividad en pornografía es el uso del tiempo y la optimización de la cadena de producción: la filmación de un video de larga duración (entre 30 y 80 minutos) es simultáneamente una serie de fotografías para images galleries y está pensado como pequeños fragmentos que servirán como previews (vistas previas) que inducen a visitar el video.

Un punto interesante de la edición fotográfica es la realización de los menús de thumbnails. La selección y recorte de la fotografía señala inequívocamente el punto de atención del espectador, y en conjunto constituyen una visión panorámica del contenido que facilita la decisión de observar o buscar otro juego de imágenes.

Pero sin duda la mayor innovación es la categorización superpuesta, una aplicación de la teoría de conjuntos a la adjetivación del contenido. En principio, hace ya algunos años, las categorías de organización del contenido pornográfico eran cerradas y excluyentes, pero la aplicación de tags al contenido permite su reorganización permanente en función del desplazamiento del deseo: lo mismo parece otro cuando se le busca de otra manera.

Eso tiene otro precio papito. ¿Qué es lo que no enseña la pornografía? Bueno, no enseña lo que pasa antes de que comience ni las consecuencias de lo hecho. Lo acotado de su despliegue constituye su fuerza, la dosis debe ser suficiente para permitir su uso individual y comunitario. Pero las condiciones que hacen posible su uso están, nuevamente, en otra parte.

Language is leaving me in silence. La pornografía se inutiliza como lenguaje si no es usada en un entorno social. Por decirlo así, la masturbación es un soliloquio.

Este lenguaje, este modo de nombrar y de vincular, puede subsistir en silencio, pero plantea la exigencia ineludible de comunicarse. Depende de los sujetos establecer las vinculaciones (públicas o privadas) con otros donde ese lenguaje sea útil. Donde la practica pornográfica sea parte de las cosas que nos pueden vincular con los otros.

Las perversiones a las que me refiero en el título de este artículo son las otras-versiones de lo que se puede decir, de qué manera el lenguaje usado (moralizado) se enriquece cuando la pornografía abre espacio y crea herramientas para referirse a su objeto.

A mí no me gustan tan princesas, me gustan más putas. 4Frank Delgado, trovador cubano Precisamente lo que hago acá es lo contrario de lo que predico. Pero lo hago mal y por eso sirve. Intentar esclarecer discursivamente una mecánica de un objeto móvil sin leyes. Como dije antes su deriva no tiene método.

Lo que sí se puede señalar, y es lo que he intentado explicitar acá, es que hay una construcción cultural seductora que nos enseña modos de conocer y de inducir el hacer. Hay una capacidad cognitiva en desarrollo durante el uso de la pornografía.

Eso es todo, acabamos.

Enlaces relacionados

·Petardas.com, sitio categorizado de videos y fotografías pornográficas, editorializado moralmente o legalmente (por ejemplo, no incluye video de BDSM). www.petardas.com.

·Xvideos.com, completo y exhaustivo repositorio de videos pornográficos, actualizado diariamente y con una categorización superpuesta exhaustiva. www.xvideos.com.

·La cámara lúbrica. Valentina Montero. Breve historia de la fotografía pornográfica. http://www.dibam.cl/patrimonio_cultural/patrimonio_zonas/art_camara.htm.

 

 
Como citar:
Sepúlveda, J. (2009). Elogio de la pornografía, laFuga, 9. [Fecha de consulta: 2017-03-23] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/elogio-de-la-pornografia/289