Festival Cinematográfico Internacional de Uruguay

La emisión y la recepción

Por María José Olivera (desde Montevideo, Uruguay)

 
 

La emisión

Del primero al dieciséis de abril de 2006 se realizó en Montevideo el XXIV Festival Cinematográfico Internacional de Uruguay en las salas de la Cinemateca uruguaya. La concurrencia de público fue buena, la programación no tuvo mayores desajustes, y los premios [Algunos ejemplos: Mejor Película: Flores Rotas (2005), de Jim Jarmush - EEUU; Premio Especial del Jurado: Las llaves de casa (2004), de Gianni Amelio – Italia; Menciones especiales: Esperando por las nubes (2004), de Yesim Ustaoglu – Turquía.] asignados para cada sección estuvieron de acuerdo -en términos generales- a la “previa”.

Vale destacar la presentación de tres realizaciones uruguayas de relieve: Orlando Vargas (Juan Pittaluga, 2006), La perrera (Manuel Nieto, 2006), y el documental Cerca de las nubes (Aldo Garay, 2006).

Los premios se distribuyeron de acuerdo a distintas secciones con un cuerpo de jurados correspondiente a cada una: Internacional, FIPRESCI Uruguay, Documental, premio Signis, Cortometrajes uruguayos, FIPRESCI Uruguay cortometrajes uruguayos y Cortometrajes internacional. Por otro lado durante el festival se proyectaron filmes correspondientes a una sección titulada “Cien años de Roberto Rossellini” de excelente programación y un recorrido retrospectivo por la filmografía de Bauer.

Las películas exhibidas, como es natural, oscilaron en calidad y convocatoria. Uno de los países más paradigmáticos en este sentido parece ser Alemania, presente con filmes tan dispares entre sí como Sophie Scholl-Die letzten Tage (Marc Rothemund, 2005) perteneciente al e stablishment de la coproducción y distribución cinematográfica, frente a la desopilante Kebab Connection (2005) de Anno Saul. Desde este mismo país son de antología la fotografía y la banda sonora -realmente memorable- del documental Crossing the Bridge: The sound of Istanbul (2005) de Fatih Akin; sonido en imágenes.

Cinemateca uruguaya (territorio de emisión) es una asociación sin fines de lucro que tiene como principales objetivos la conservación y difusión de cine de arte. Posee cinco salas de proyección en Montevideo y funciona gracias a sus socios que abonan una cuota mensual de costo equivalente aproximado a una sola entrada a las salas comerciales. Sin embargo, a pesar de que el costo es muy bajo, Cinemateca uruguaya no forma parte de un circuito masivo sino que es un lugar de encuentro entre un público “intelectual”, francamente minúsculo en número. En la época del festival el público parece aumentar, se arman largas colas para ingresar a las salas, la difusión se amplía por la colaboración de sponsors que hacen una fugaz aparición en estos casos concretos.

La recepción

A sala completamente colmada (más de una hora antes de programada para el comienzo, la cola estaba formándose) se exhibieron Palíndromos (2004) de Todd Solondz y la galardonada Flores rotas (2005), de Jim Jarmusch; ambas muy esperadas al menos por un perfil de público. Les siguieron en convocatoria Manderlay (2005) de Lars von Trier y la reveladora Sueño checo (2004), ópera prima de Vit Klusák y Filip Remunda.

En el festival se cruzaron los cinéfilos de siempre con los críticos más canónicos, los espectadores esporádicos con los críticos amateurs, los espectadores específicos del festival con la prensa no especializada, y un sin fin de puntos de vista independientes con posiciones opuestas y hermanas. “Lo que no me deja de impactar es el funcionamiento del consumo aún en esos espacios que se llaman “independientes”, “críticos”, o de cierta disidencia cultural” (2008, s. n.), señala Iván Pinto  [Artículo disponible en http://culturacanibal.blogspot.cl/2008/07/la-crtica-3-crtica-mercado-poder.html.]; ese impacto también guía estas reflexiones.

Son los juicios críticos los que de alguna manera colocan a una obra dentro del debate. Quienes poseen determinado status marcan la tendencia de los festivales incluso mucho antes de que estos se desarrollen y planteen un perfil, ponen en cuestión a través de los medios las obras, su significado y su particular recepción. El punto de partida parecen ser entonces dos coordenadas: oferta y demanda. Se dibuja el mapa. Sin embargo, esta situación crítica muchas veces coarta la libre y natural recepción de la obra, traza un rumbo del cual es muy difícil, dudoso y complejo escapar. La crítica entonces se convierte en prescriptiva, normativiza el horizonte de recepción en vez de ampliarlo, se vuelve sobre sí misma, se aísla. La disidencia, que acota lo “bueno” y lo “malo”, pasa a ser el statu quo.

Cinemateca uruguaya en un esfuerzo que parece sobrenatural (dado el contexto geo-político uruguayo) lanza un festival de muy buena calidad cinematográfica, configurando una posición definida, enunciando y denunciando en esta parte del tercer mundo. El público responde llenando las salas, comentando luego de las funciones, leyendo y escuchando las críticas de los espectadores especializados, construyendo y ampliando su universo receptivo. Vale la pena entonces detenerse a examinar con actitud crítica si la crítica -valga la redundancia- está a la altura de las circunstancias o si termina convirtiéndose en un juego de poder y de discurso que no contempla la diferencia; que no avala el “gusto” estético.

Porque de lo contrario la recepción terminará por volverse minúscula en número y ecuánime, y por lo tanto peligrosa, pues el consenso mandatado por quienes detentan el poder de la palabra, es siempre peligroso.

 

 
Como citar:
José, M. (2005). Festival Cinematográfico Internacional de Uruguay, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-10-23] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/festival-cinematografico-internacional-de-uruguay/54