La alegría del festival versus la ira de la industria

Por Carolina Larraín Pulido

 
 

Acá estamos, laFuga en la versión número 29 del FFM; el Festival Internacional de Cine de Montreal, que se desarrolla entre el 26 de agosto y el 5 de septiembre. Los sectores de Montreal cercanos a los cines donde se realiza el festival se encuentran tapizados de carteles azules y blancos promocionando el evento que mostrará este año 342 filmes (180 largos, 14 mediometrajes y 148 cortos) de 70 países. Este festival se caracteriza por ser uno de los pocos festivales independientes y sin fines de lucro de renombre mundial realizados en Norteamérica que rescatan el cine de todo el planeta incluyendo tanto películas de alto como de bajos costos de producción. El programa oficial de este año promete muchos filmes orientales, de Europa del Este y de los países nórdicos. Chile se encuentra presente a través de los filmes Cachimba (2004) de Silvio Caiozzi; Play (2005) de Alicia Scherson y La última luna (2005) de Miguel Littin. No está de mas decir que además de la presentación fílmica de obras chilenas, también hay participación en el festival mismo, ya que Silvio Caiozzi forma parte del jurado de la competencia oficial.

Si bien todo pareciera desarrollarse como debiera, al poco andar me doy cuenta de que las cosas para el festival este año son un poco más complejas. Este año amenaza con ser el último año del festival de cine de Montreal tal como lo conocemos. Según el diario canadiense The Gazette para la versión actual del festival se le retiraron casi un 90% de los fondos con los que este contaba, los cuales provenían principalmente de fondos gubernamentales y públicos. Las razones de este hecho no quedan del todo claras (sobre todo para alguien como yo que recién llega a la ciudad), pero los rumores van desde que el fundador del festival Serge Losique tiene “un carácter fuerte y autocrático” que ha llevado a desencuentros con los principales organismos de desarrollo cinematográfico canadienses (Telefilm Canadá y SODEC) a versiones que sostienen que estas organizaciones simplemente sienten que la línea que sigue el FFM ya no concuerda con sus principios… Los hechos concretos muestran que cuando SODEC y Telefilm Canada retiraron su apoyo al festival muchas otras entidades publicas y gubernamentales le siguieron retirando su apoyo financiero y dejando al FFM con 2/3 menos de su presupuesto. Ha sido un tiempo difícil y hay un alto nivel de tensión en el ambiente, cuando SODEC y Telefilm Canada decidieron retirar su apoyo financiero al FFM el verano pasado generaron un concurso para destinar aquellos fondos a un nuevo festival de cine de Montreal, que concordara con su visión de lo que debía ser un Festival de Cine de Montreal y se lo otrogaron a un grupo que hace unos años se encuentra organizando el festival de Jazz de Montreal llamado Spectra. En lo personal no me atrevo a tomar una postura frente a los hechos, pero no deja de llamar la atención que todo el trabajo y el esfuerzo del FFM a través de los años se pase por alto y ahora que éste ha obtenido renombre mundial (pero que no concuerde con demandas gubernamentales) se intente darle fin y crear otro que tome su lugar… Es tan explicita esta intención de generar otro festival que tome su lugar que el nuevo festival lleva un nombre prácticamente idéntico (“New Montreal International Film Festival”) y comienza 13 días después del final del FFM, al parecer estamos ante una guerra de festivales y el FFM se enfrentará a un nuevo festival se inaugurará el 18 de Septiembre de este año con una muestra de unos 700 filmes. Según fuentes no oficiales, este festival se diferenciaría del FFM en cuanto tiene una línea más comercial y similar al festival de cine de Toronto y que por otra parte, le mostrará al mundo una versión de festival y de películas que se encuentra dentro de las líneas que propone Telefilm Canada y SODEC… No deja de causar impresión que en menos de un mes Montreal albergue dos festivales de cine de gran escala y que el surgimiento del segundo provenga de severos conflictos con el anterior que ya tiene 29 años de vida y un espacio definido en el imaginario cinematográfico mundial. También impresiona el hecho que este festival comience un día después del termino del Festival de Cine de Toronto en la provincia vecina de Ontario, por lo que el circuito cinematográfico canadiense en este mes se verá algo copado…

Entre tanto festival en el aire parece haber algo más que amor por el cine. No puedo sino detenerme en este punto y reflexionar, porque a mi juicio se hace explícito un elemento muy importante en el mundo del cine que rara vez es sujeto de discusión en circuitos de crítica y análisis de cine por este lado del continente: La industria cinematográfica. En mi opinión, en todo este conflicto de los festivales no deja de haber una tensión fuerte entre el cine y su forma de producción y distribución, con la parte oculta del cine que termina moldeando y determinando los destinos de los filmes. Un mundo que termina decidiendo qué se mostrará, cuándo, dónde, por cuánto tiempo y que también decidirá todos los aspectos de raigambre económica. Es un sistema que define las imágenes que se verán todos los años y los espacios donde se verán, un circuito basado en planificaciones precisas y en intereses económicos que se hacen explícitos en esta guerra de festivales frente a la elección de si tener un festival comercial de cine a la altura del de Toronto o los estadounidenses, o mantener un espacio alternativo no comercial de alta diversidad que pretende ser un espacio de divulgación para cines de poca distribución y que integre a directores emergentes.

Por otra parte está todo el conflicto ideológico y político, que me parece que se liga a un tema de imagen o identidades nacionales (provinciales en este caso) y de cómo se proyecta un lugar o una población hacia fuera a través de sus manifestaciones artísticas y sus eventos internacionales. Este es un tema que se hace central cuando se quiere que las imágenes representen ideales o principios subordinados a conceptos identitarios o políticos. En este sentido el dilema se genera en la provincia de Québec en la elección de mantener un festival que tenga los mismos estándares que los grandes festivales comerciales tienen o explotar (con igual calidad) el concepto de cine multicultural no comercial.

En cuanto al FFM, no está claro que le deparará el destino ni si habrá con certeza un festival en el 2006. El equipo organizador se propone entregar lo mejor de sí a pesar de los escasos recursos y todas las polémicas que han surgido entre los múltiples festivales que alberga Montreal este verano. Un cierto aire de romanticismo caballeresco flota en el aire frente a las embestidas del FFM y mientras, yo me preparo para el primer film que veré traído directo desde Sri-Lanka: Sulanga (Bennett Rathnayake, 2005).

Los invito a revisar la página del evento y la programación en la dirección http://www.ffm-montreal.org. A medida que continúe el evento los tendré informados, ¡nos vemos!

 

 
Como citar:
Larraín, C. (2005). La alegría del festival versus la ira de la industria , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-06-24] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/la-alegria-del-festival-versus-la-ira-de-la-industria/74