La crítica del biógrafo

Especial Archivos i letrados

Por Ex

Observaciones +

IR A PRESENTACIÓN ARCHIVOS I LETRADOS
 
 
El crítico de cine Ex, quien también colaboró extensamente en el diario porteño La Estrella, reflexiona sobre la tendencia interesada del crítico cinematográfico nacional en este texto publicado en Zig-Zag n°936, en enero de 1923. Además, aplica sus juicios a dos películas chilenas de la época: Galán duende (Nicolás Novoa, 1922) una “película realizada por un grupo de jóvenes pertenecientes a las mejores familias de Santiago” según señala Eliana Jara en Cine mudo chileno; y Hombres de esta Tierra (1923) primer largometraje de Carlos Borcosque. Texto reproducido en el capítulo “Cine chileno” del libro Archivos i letrados. Escritos sobre cine en Chile: 1908-1940.

Hay películas malas.

Esta afirmación, que se publica por primera vez en Chile, sorprenderá seguramente a esa numerosa parte del público que cree en la letra de imprenta como la palabra divina. Para ella solo existen vistas maravillosas, estrenos sensacionales, grandiosos éxitos, sublimes reprises, y, cada quince días, alguna serial súper-fenomenal, interpretada por algún coloso, un simpático y varonil actor y una actriz fascinadora, récords de los récords, en medio de los más espantosos peligros.

Está bueno que bajemos un poco el tono.

La reclame del cine ha ido demasiado allá y la crítica imparcial ha callado con excesiva obstinación. Nunca, hasta ahora, hemos leído una opinión desinteresada y tranquila sobre las películas de biógrafo, un artículo como los que se escriben sobre los libros o las piezas teatrales, hecho con sinceridad, para informar realmente a los lectores, no para servir los intereses de las empresas. El que desea saber si una vista anunciada con caracteres sensacionales merece la pena de verse debe consultar a algún amigo: porque el diario no le da sino el mismo aviso en diversas formas.

El biógrafo ha tomado bastante importancia para hacerse acreedor de mayor respeto; aun, desde el punto de vista de la influencia social sobre las costumbres podríamos afirmar que no existe otro “hecho” más importante, una palanca de más terrible eficacia sobre la imaginación y sobre los sentidos.

El lenguaje mismo ha sufrido deformaciones con los simples anuncios de las películas. Obsérvese la palabra “estrella.” Al principio significaba una actriz excepcional, eminentísima en su rango, casi única, astro de primera magnitud que brillaba con luz propia. Prodigada indistintamente a todas las actrices, ha concluido por no significar sino una actriz cualquiera. Hoy una estrella de biógrafo es sencillamente una actriz que trabaja en el biógrafo.

El idioma se parece a los elásticos: cuando se les estira demasiado, pierde la elasticidad.

Devolvámosela.

Digamos que hay películas malas, películas tontas, películas imbéciles; confesemos que la estupidez humana ha llegado pocas veces más lejos que en el cerebro de los que confeccionan argumentos para la pantalla y que este admirable instrumento de arte, este lenguaje infinitamente flexible de las figuras animadas y los paisajes cambiantes está siendo deformado como por sistema entre sus cultivadores.

Se dirá que sirven al gusto del público, verdadero empresario, puesto que es el capitalista, el que paga; pero tal servicio no debe convertirse en servilismo ni envilecer aún más el oficio, sino levantarlo paulatinamente, como hacen los diarios, las revistas y los libros. En todos ellos hay algo que el común de los lectores no alcanza a gustar ni comprender al principio y es precisamente eso lo que va haciéndolo avanzar hacia una mayor cultura.

¿Por qué exceptuaríamos al biógrafo de la ley del progreso, del sacrificio por la civilización?

Creemos que ha llegado el momento preciso de reaccionar; según parece, ha nacido ya el biógrafo chileno: dos películas nacionales “El Galán Duende” y “Hombres de esta Tierra” están obteniendo éxito indiscutible en los diversos teatros y la utilidad comercial considerable que dejarán, habrá de animar a otros capitalistas para seguir por el mismo rumbo.

Pueda ser que nuestra iniciativa sea secundada y que el biógrafo quede sometido al mismo criterio que el teatro, la literatura, la pintura y cualesquier otras manifestaciones artísticas.

Veamos:

“El Galán duende”.

Bien pensado el argumento, dentro del convencionalismo escénico; un pequeño misterio que excita ligeramente la curiosidad y la mantiene, desarrollo discreto, sin saltos demasiado bruscos y con escenas emocionantes. Por este punto, inmensamente superior a la mayoría de las películas yanquis, por no decir a la totalidad. Los actores algo tímidos, como novicios; se les siente amarrados de pies y manos, midiendo los pasos acompasadamente, sin la soltura que da la práctica. Buen aprovechamiento de la gente conocida. Lástima que en los más bellos paisajes, que podrían haber sido los pasajes más bellos, se haya incurrido en ese mismo apresuramiento de las vistas norte-americanas, en ese febril deseo de pasar, pasar, sin detenerse nunca a saborear una situación, una perspectiva hermosa, sin sacar todo el partido de ciertas situaciones. El biógrafo, mitad dramático, mitad plástico, debe atender a los dos placeres. Solo se preocupa del primero. ¿Por qué? La impresión material, aceptable. Muy inferior a las extranjeras; pero suficiente, no perjudica demasiado a la interpretación.

“Hombres de esta Tierra”.

Los autores solo se preocuparon de dos o tres escenas que ellos creyeron emocionantes para el grueso público: una riña en el rascacielos Ariztía –sitio elegido absurdamente– otra riña en la calle y una especie de rapto en el campo. Lo demás no les importó nada y es un tejido de incongruencias, no se justifica al principio ni al final. ¿Por qué los dos jóvenes arrebatan a la muchacha en la calle? Es el nudo: todo lo demás se afloja y adquiere aire de falsedad fallando él. Hay paisajes bellos, demasiado breves, excepto el último, hermoso y bien tomado. Los actores se portan más o menos bien, sin nada sobresaliente. El público aplaude varias veces las peleas de Vicentini, explotadas con cierta insistencia. La vista bastante borrosa.

En resumen, estas dos producciones, bastante mediocres, pueden sostenerse algún tiempo y demuestran el enorme interés que despertará el biógrafo nacional: todas las representaciones han estado llenas y en algunos teatros se libraban verdaderas batallas por conseguir entrada.

Daremos cuenta de otras, siempre acordando la preferencia a las vistas nacionales y juzgándolas con la mayor benevolencia posible, dentro de la justicia.

 

 
Como citar:
(2012). La crítica del biógrafo, laFuga, 14. [Fecha de consulta: 2017-12-13] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/la-critica-del-biografo/579