Mapocho

Por Luis Valenzuela Prado

 
 

Sentado en el reducido espacio de la Sala dos del cine Arte Alameda, observo en la pantalla a un extranjero caminar por Santiago. No lo hace a través de sus anchas vías citadinas de cemento o asfalto, sino por lo bordes del río que atraviesa la ciudad, que la corta, que fluye como arteria, como conducto de lo residual, como río que recibe otros afluentes y que converge en otros. Ese hombre extranjero se llama Robert Bruce, un broker estadounidense, protagonista de Mapocho de Santiago Elordi, que viene a caminar y a erigir el acto de vagar por el borde del río como manifestación de una crisis, suya y social.

En sus Aguafuertes porteñas Roberto Arlt define la vagancia como un acto de contemplación. En Mapocho, Robert camina, el tiempo de contemplación es acotado, por lo que es el espectador quien debe contemplar su tránsito, leerlo. Vemos el Mapocho desde su origen en lo alto de la cordillera, pasando por la ciudad, hasta el fin, junto con el tránsito nómade y empecinado de Robert Bruce. Él camina por el borde, de una u otra forma busca marcar —volver a marcar— ese borde con sus pasos. Avanza, entra y sale del cauce. No mira a la cámara, sus diálogos con otras personas son breves. La cámara de Elordi lo sigue de cerca sin invadir su espacio de tránsito. Su gesta es nimia, es sin duda un tránsito fluviocitadino que nos urde un relato, mínimo, como el de este extranjero, y social, colectivo, como el de esta ciudad hilada a ese río. Una gesta nimia que enuncia una crisis, que balbucea la posibilidad de encontrar una respuesta.

El río recorrido no es de Alfredo Gómez Morel ni el del Nona Fernádez, en El río y Mapocho respectivamente. Tampoco es el que atraviesa el protagonista de Largo viaje de Patricio Kaulen o el de Las callampas de Rafael Sánchez. Es el río que avanza desde la cordillera, es el río citadino y cotidiano, que pasa por la ciudad, en este caso acompañado de un tránsito extraño, extranjero, que lo acompaña, es el río que se nos pierde de la ciudad.

Elordi, que en otros trabajos literarios ha desarrollado el tópico del viaje, acierta en el cruce entre silencios y voces que construyen el relato del protagonista. El tránsito de Robert está en escena, pero es mayormente silente, sin monólogos interiores que piensen la ciudad o el relato personal de este desde el choque evidente que le puede provocar como forastero. Elordi no busca esa reflexión básica y superficial, su cámara observa y sigue los pasos de Robert. Por su parte, Susane está fuera de campo, en EE.UU, pero su voz está presente, como voz over que permite acercarse hacia un entendimiento de la crisis de Robert, a partir de juicios a su persona, pero a la vez cierta comprensión a su tránsito.

Pensando en Michel De Certeau, ¿qué nos dice el río? ¿qué nos dice este tránsito, este abandono experimentado por este ‘broker’? Susane nos cuenta que Bruce es el hombre que cambia de países como quien cambia de camisas. Es un sujeto en movimiento, que se sustenta y construye a partir del movimiento. Bruce cambia de lugares, escapa de una crisis, de su crisis, y busca un cauce personal en un cauce citadino. Sigue el curso del río para lanzarse al mar. El relato de Bruce se amalgama como un elemento más que lleva el río, incluso puede ser leído como el sujeto afluente que viene de tierras lejanas a desembocar al Mapocho, tal como los ríos Colina y Lampa, tal como los residuos que lo acompañan.

Desde mi butaca oigo el río, observo el tránsito y de fondo la ciudad. Mapocho es austera en su presentación y forma. Aparentemente sencilla, con una cadencia bien lograda, pero con un mensaje de vida del protagonista denso y profundo, muy bien elaborado y logrado por Elordi. El tratamiento y desarrollo del viaje de escape y de búsqueda funciona de manera precisa en los casi sesenta minutos que dura la película. La nomadía del relato consigue el objetivo de mover al espectador —uno de los cuarenta y cinco espectadores que ha visto la película en el tiempo que lleva en cartelera— y hacerlo entrar en ese tránsito.

 

 
Como citar:
Valenzuela, L. (2012). Mapocho, laFuga, 13. [Fecha de consulta: 2017-08-18] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/mapocho/499