Nasty Baby

Tintes oscuros

Por Miguel Malermo

Biografía +
Miguel Malermo Padilla es realizador audiovisual de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Director: Sebastián Silva Año: 2015 País: Estados Unidos

 
 

En el estreno de Nasty Baby, la sexta película de Sebastián Silva, el director se paró frente al público de la sala y, sacándole una risotada con su humor sin pelos en la lengua, advirtió que no hay que tener miedo al verla. Una predisposición para una película que cumple con las particularidades que se buscan a la hora de ver su filmografía. Enseguida se apagan las luces y comienza el filme con una escena situada en una casa repleta de plantas, con Freddy (Sebastián Silva) conversando al borde del delirio sobre su interés por tener un hijo. Se echa al suelo y habla sobre la exposición en un museo de una película que está filmando sobre un recién nacido, y comienza a imitar el llanto de una guagua.

El relato gira en torno al deseo de Freddy (Silva) y MO (Tunde Adebimpe) por tener un hijo, contando con el vientre de su amiga Polly (Kristen Wiig) para lograrlo. Desde ahí, la película tiene una serie de ocurrencias cotidianas que enganchan desde el primer minuto.

Son varias las líneas dramáticas además del deseo de ser padres: el multiculturalismo que va poblando Brooklyn (donde transcurre la historia) la creatividad y realización en la industria artística, las relaciones que surgen en el vecindario, entre otras. Todas están entrelazadas mediante un montaje paralelo, que Sebastián Silva utiliza para jugar a su manera: en cada historia, a la hora de llegar al clímax de una escena, el director opta por un corte abrupto para pasar a la escena que viene, sin llegar a ese giro o cambio tan frecuente en la narrativa clásica. Así mantiene al público en suspenso y atento por saber cómo continuará cada una de las historias de la película, que de momento no se resuelven.

Con esta estrategia profundiza su desinterés hacia las convenciones clásicas del cine, donde entiende que la fórmula de que cada escena tiene un mini giro climático que sirve para enganchar, no es el único método eficaz: en Nasty Baby, es la ambientación de la escena la que completa el vacío que deja el corte abrupto. Una práctica que existe en películas anteriores de Sebastián Silva -como lo hace en Cristal Fairy y el Cactus Mágico, sobre todo en el final cuando Cristal desaparece.

Esto no significa un mal empleo de la estructura cinematográfica, sino un manejo distinto y cómico similar a las premisas jarmuschianas donde “las películas no deben tener trama si es que la vida no la tiene”. Pero no es llegar y citar, hay que lograr un trabajo de esta astucia para enganchar desde otro elemento sin tener que emplear el clímax. No lo encasillemos en un director: Silva se salió de la categoría, tomando un poco del Mumblecore pero a la vez desviándose de éste. No es sólo un delirio de personajes, es una puesta en escena que va más allá.

Silva y Peirano buscan, desde el guion, la particularidad e intriga a cada detalle que compone la escena. Por ejemplo, cada vez que aparece el gato de Freddy nos deleitamos con su actuación, por su comportamiento y apariencia -que recuerda a la especie mono ardilla-, inigualable. Ayuda al guion a convertir y ambientar la película en algo ominoso pero atractivo, gracias a las performances del gato, que surgen de la nada. Las cosas se vuelven extrañas desde aquí.

Empezamos a darnos cuenta que cada historia en Nasty Baby empieza a agarrar un tinte oscuro, donde se avecinan cosas apegadas a los géneros de terror -como aplica en las escenas del perro corriendo en Magic Magic-, sentenciando que sus personajes están corriendo peligro.

Otro aspecto formal que nos recuerda nuevamente a Jarmusch: Silva tiene el manejo musical del director estadounidense para ambientar sus escenas con canciones que uno sabe que no pueden ser otras sino precisamente las utilizadas. No es primera vez que lo hace: nos acordamos de Michael Cera cantando y bailando Pass this On en Magic Magic o sellando la última escena de La Nana con Ayayayay de Pedro Piedra. Como ambos actores protagonistas (Silva y Adebimpe) son músicos connotados, en la película se hacen presentes con la elección musical diegética (junto al trabajo de Danny Benzi y Saunder Jurriaans): dramatiza las escenas con canciones que no tienen que ver con la acción que ocurre y por ello rarifican e incomodan. Qué mejor que hacerlo con la música de Daniel Johnston.

Entre la amistad de Freddy y Polly se resalta un estilo de humor donde el último que tiene la palabra, gana. Una competencia, con bromas hirientes que no provocan rencores. Otra capa narrativa que comienza a dominar la película y demuestra la declaración de Silva sobre que “el humor de mis películas es internacional”, para finalmente envolverlo de un ambiente oscuro y perturbador.

Cada línea dramática se va desarrollando paralelamente y se encuentra con la resolución del conflicto, siendo conclusivamente transversal a la premisa en torno al deseo de tener una guagua. Cuestiona la necesidad egocéntrica de ser padres: donde los hijos heredan las características de los progenitores, convirtiendo la sociedad y el círculo en algo cada vez más parecido y a gusto de los que engendran. Así, queriendo inconscientemente tener generaciones de puras personas que piensen de forma similar, desplazando a quienes no nos gustan, se da a entender que esto del desplazamiento solamente lo pueden lograr personas en una situación privilegiada. Pero dicho deseo se vuelve en contra a la hora de encontrarse en alguna parte con las personas excluidas, probablemente encarnadas en el rostro de una guagua.

Entonces podríamos encontrar la fórmula shakespearana (que lleva a cabo diversas líneas narrativas de forma paralela y las alterna a medida que se van resolviendo) que permite tener una base para crear una narrativa y crear una película teniendo un enganche seguro. Hoy las pasiones de los personajes en el cine se representan de forma similar a las del siglo de Shakespeare, pero también los infinitos recursos con las que trabajan las ha llevado a pasear por distintos lados, y Silva es uno de los que juega con ellas, con el humor que te atrapa hasta que te quieres ir –por lo incómodo– y sin embargo, no te puedes mover.

 

 
Como citar:
Malermo, M. (2016). Nasty Baby, laFuga, 18. [Fecha de consulta: 2017-11-25] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/nasty-baby/804