Palestine Blues

Notas del otro lado del muro

Por Omar Zúñiga Hidalgo

 
 

Cuando estoy en Estados Unidos escucho hip-hop. Cuando estoy en Palestina escucho blues”. Escuchamos la voz de Nida Sinnokrot, director de Palestine Blues (2006), en voz over sobre la imagen del interior de una cabina de auto algo destartalada. Una frase clave que no sólo da título a su documental, sino que a la vez sintetiza su mecanismo productivo y la manera de aproximación a lo que se narra.

Sinnokrot es un artista plástico criado en Estados Unidos y de padres palestinos -que viajaron sólo para que su hijo tuviese ese pasaporte-. Becado viaja a Palestina buscando material para un proyecto de instalación. Es 2002, e Israel está comenzando a construir la ‘barrera de seguridad’ con la que se separaba de los asentamientos palestinos. Tras visitar un par de pueblos, Sinnokrot aterriza en Jayyous, en el que se queda por varios meses grabando. Los campesinos se quedan sin su tierra y sin abastecimientos de agua. Y nace uno de los conflictos políticos internacionales más complejos de los últimos años.

Ante todo, es evidente el factor del azar. Una suerte de realización documental en la medida de la necesidad visceral, improvisada, armada de súbito. Estando allí y queriendo comenzar a narrar los sucesos. Una cámara digital que extiende en sus dispositivos visuales este presupuesto: en algunos momentos en mano, en otros dentro de un bolso que apenas le permite ver su entorno. El material funciona con varios mecanismos de lenguaje, registro de acontecimientos espontáneos, registros de índole pictórica, entrevistas más convencionales. La construcción visual del territorio palestino es entonces la observación del incipiente muro, y el interrogar a los habitantes al respecto. Un mecanismo interesante en este sentido es la utilización de algunos cartones en momentos álgidos: cámara en mano, tapada por un bolso, un audio de un militar amenazante y la transcripción en inglés al texto. La nación palestina no puede mirar su espacio ni tampoco ser vista, la negación de las imágenes que se refieren al territorio son entonces una consecuencia de la opresión política israelita. Las decisiones lingüísticas de Palestine Blues funcionan entonces a modo de extensión coherente de su discurso.

Al mismo tiempo, la realización del documental porta entonces esa idea del ‘visitante’, que a pesar de sentir la conexión de sangre con su tierra natal, vuelve a ella desde un punto de vista que la aprecia en lo que se ha convertido durante su ausencia. Aquí cobra sentido la presencia del inglés, lenguaje que hablan muchos de los habitantes, lenguaje que habla el propio realizador. El sentimiento de nostalgia de la frase que titula el documental no sólo se explicita por esa analogía gramatical, sino que está dado por la elección de los personajes entrevistados, como por ejemplo los niños que crecen con una conciencia política del conflicto mucho más sofisticada que el promedio occidental. Queda implícito que la generación de la infancia de Sinnokrot no tuvo esa necesidad. Asimismo, quienes tienen más edad elaboran sus propias teorías acerca del proceso. Sinnokrot dirige entonces como alguien que vuelve y comprende algo que antes no comprendió bien, algo que antes no estuvo totalmente claro. Y cuya única solución, el cese de las políticas opresoras israelitas, se ve demasiado distante.

Por otra parte, parece posible deducir después del visionado que la principal virtud -u oportunidad, no este caso claro- del documental político es su parcialidad. La ética de las informaciones dice una y otra vez que hay que mostrar ambas caras de la moneda, los dos lados del muro. La opción aquí es mostrar uno de ellos. Lo cinematográfico, no-noticioso, no-televisivo del relato es también entonces el lado del muro desde el que se narra. La puesta en escena, que deliberadamente intenta construir esta sensación de angustia, con los planos quebrados en su ángulo o las omisiones de imágenes a favor del audio, apoya permanentemente esta noción. Un pueblo intimidado, oprimido, coartado en sus necesidades más básicas. Un realizador riguroso, más intuitivo que intelectual, que es capaz de articular la sensación de angustia de aquellos habitantes y traspasarla al espectador en la sala. Independiente del rasgo informativo, que es impactante para un público occidental (me declaro un absoluto ignorante del conflicto árabe-israelí), Sinnokrot arma sobre la base de la precariedad de la técnica un relato que emociona, y no desde un lugar facilista, sino desde la capacidad de transmitir mucho más que los datos y las fechas. Desde la constitución visual, precaria, modificada, improvisada.

 

 
Como citar:
Zúñiga, O. (2007). Palestine Blues , laFuga, 5. [Fecha de consulta: 2017-06-26] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/palestine-blues/316