Tiempos Malos

El cine como instrumento de investigación

Por Carolina Urrutia N.

Biografía +
Carolina Urrutia es académica e investigadora. Profesor asistente adjunto de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile. Tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y es candidata a Doctor en Filosofía con mención en Estética de la Universidad de Chile. Es directora de la revista de cine en línea laFuga.cl, autora del libro Un Cine Centrífugo: Ficciones Chilenas 2005 y 2010, y directora de la plataforma web de investigación Ficción y Política en el Cine Chileno (campocontracampo.cl). Ha sido profesora de cursos de historia y teoría del cine en la Universidad de Chile y la Universidad Adolfo Ibáñez y autora de numerosos artículos en diversos libros y revistas.
 
 

Pensar el cine como una herramienta de investigación es un ejercicio que forma parte del quehacer de algunos cineastas que entienden el medio audiovisual como un proceso de aprendizaje permanente. La filmografía de Cristián Sánchez, es un muestrario de dicho proceso, siempre en construcción,  como si se tratara de una obra abierta, que se va definiendo con cada una de sus películas. Ese proceso le permite al director reflexionar, por una parte, en torno a las materialidades fílmicas, por otra, en torno a Chile y a su temporalidad caótica, a su sociedad cambiante, a sus transformaciones morales, sociales, ideológicas. Más aún, en el caso de Sánchez no se trata solo de un quehacer reflexivo efectuado  mediante la cámara o mediante la puesta en escena, también se desarrolla mediante la escritura.

Tiempos malos es el octavo largometraje de Sánchez 1noveno si contamos Esperando a Godot, un filme aun no estrenado, aunque data de 1974. En éste último filme, el director nuevamente mira a su alrededor y espejea el contexto, los cambios sociales y culturales, para vigilar la realidad, siempre desde una perspectiva impredecible. En un origen, la película sería algo distinto; la adaptación del libro “Chicago Chico” (1962), de Armando Méndez Carrasco donde el autor exploraba el mundo del hampa en la década de los treinta, desde un protagonista que se hundía en las profundidades de los bajos fondos santiaguinos. Sánchez se decide por otra cosa, y se concentra en hacer una película ubicada en el presente, pero de un modo igualmente anacrónico, un presente sin tiempo, flotante en un Chile extraño y, sin embargo, va definiendo ciertas huellas que serán profundamente reconocibles del Chile de los dos mil.

Tiempos malos es la permanencia de un director sobre el mismo territorio, es la hebra de un mismo entramado, en donde se aborda el mundo del hampa chilena ya entrada la década de los dos mil, sin distanciarse tanto de los filmes realizados durante el régimen militar, como ocurre en  El zapato chino y en Los deseos concebidos, en términos, por ejemplo, de las referencias filosóficas y literarias, de los personajes que pueden ser leídos desde sus múltiples capas y que al mismo tiempo, se develan desde su simpleza, buscando afecto, armando lazos que llegan hasta ellos de modo abrupto, inesperados, pero con consecuencias determinantes. 

La película coral, excesiva en el buen sentido de la palabra, se instala en un Santiago nocturno, en el mundo de los bajos fondos algo alicaídos del centro de la ciudad; es el espacio donde pululan los narcotraficantes y los mafiosos, donde trabajan las bailarinas de locales nocturnos en lugares donde abunda el humo y el alcohol. El protagonista es Ángel, un colegial prácticamente huérfano –su padre ha muerto recientemente y su madre se va a vivir al Sur junto a su hermana, dejándolo solo, al cuidado de una vecina–, que aterriza en el ambiente delictual (un delincuente simpático, canchero) sin más opciones que las de participar en él, y se ve envuelto en aventuras, a ratos tarantinescas especialmente por la violencia absurda y sin fundamento, donde todos tienen armas y las usan para amedrentar.

Sánchez opera desde diversos lugares para la articulación de este filme. La composición del plano en tensión con los personajes presentes en el cuadro, en donde se establecen juegos de presencias y ausencias, de primeros y segundos planos, de personajes múltiples; pero especialmente desde una puesta en obra de un lenguaje, una oralidad, interesantes. Si hay representación de un pueblo, exhibido en la película desde una familia particular donde el ‘jefe’ es un mafioso, esta emerge potencialmente desde el habla. Sánchez estudia el coa, revisa sus transformaciones en el habla popular chilena e ilustra, desde ese lugar a la familia. Una familia como protagonista disfuncional y ruidosa, que articula una comedia negra, o un drama con tintes cómicos, según como se mire, donde lo que se “da a ver” es una cierta mirada sobre el Chile actual, sumergido en una estructura delictual sin salida.  

 

 
Como citar:
Urrutia, C. (2016). Tiempos Malos, laFuga, 18. [Fecha de consulta: 2017-06-23] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/tiempos-malos/807