VII Festival de Cine Infantil

Pensando en los niños

Por Gerda Esther Veas

Observaciones +

Educadora de párvulos, magister en educación y jurado en el pasado CORCINFANT.
 
 

Entre los días 1º y 9 de septiembre se desarrolló el Festival Internacional de Cine Infantil en el Cine Hoyts de La Reina, una iniciativa sin fines de lucro que quiere mostrar el buen cine para niños, aquel que no busca el éxito comercial, sino entretener, enternecer, transmitir valores, mostrarnos que hay un grupo de creadores que pensó seriamente en los niños, sus realidades, sus intereses, sus carencias, las particulares formas de ver la vida según el el nivel de desarrollo en que se encuentran los niños en sus distintas edades. ¡Y vaya cómo lo logran!

La muestra

Las películas que se exhiben están en distintos formatos: documentales, animación, largos y corto metrajes, con un denominador común: la alta calidad del producto, que viene de países tan diversos como Colombia, México, Chile, Suecia, Filipinas, Estados Unidos, Finlandia, Estonia, España, Argentina, Alemania, República Checa, y se muestran de acuerdo a las edades para las cuales se pensó: 4 a 6, 7 a 9, 10 a 12 años.

Las películas para niños de 4 a 6 años son por lo general cortos de animación, con argumentos simples, centrados en la acción más que en las palabras. Especial mención se debe hacer de las películas checas (sin desmerecer en absoluto el resto de muestra) que han logrado adentrarse en la psicología de los más pequeños, teniendo siempre como base la formación valórica de los niños, sin caer en la moralina de la obviedad.

Para los niños de 7 a 10 años, la muestra presenta tanto largometrajes como cortos (¡qué difícil es un argumento para esta edad!). Bien solucionado por algunos directores, que, comprendiendo la complejidad de la tarea, la enfrentan con algunas dosis de realismo mágico, perfecta para esta edad.

Finalmente para los chicos no tan chicos, de 10 a 12 años, documentales, cortos y largometrajes con mayor contenido de la realidad social, que en esa edad comienza a cobrar sentido, tratada de un modo sensible, sin caer en panfletos baratos ni en demagogias.

Sin duda, la mejor película de este festival fue Magnifico (Maryo J. De los Reyes, 2003), de origen filipino, que narra la historia de un niño pobre que -como tantos niños chilenos, bolivianos, argentinos o cualquier niño cuyo entorno social es precario- asume de manera natural responsabilidades que son impensables en sociedades desarrolladas. Los créditos aquí son para los actores infantiles, superiores con creces a los actores adultos.

Chile presentó un muy buen documental: Pachayki (Cristián Leighton, 2004), basado en una experiencia de jóvenes, que fue seguida con interés por sus pares espectadores, y que tiene el gran mérito de estimular las conversaciones sobre las distintas culturas que existen en nuestro país.

En suma, una muestra que si los profesores le pusieran mayor atención, podría perfectamente servir de apoyo para el logro de objetivos de aprendizaje a lo largo del sistema educativo.

El público

La organización del festival invita gratuitamente a los jardines infantiles y colegios que se interesan.

Asistiendo de incógnito, me llama profundamente la atención la poca acogida que tiene en los colegios de básica la invitación a asistir a un festival que, además de gratuito, es de una calidad reconocida internacionalmente, ya que la mayoría de las películas exhibidas han sido premiadas en otros festivales. También me llama la atención las dificultades que presentan los niños para comprender las películas subtituladas, derivadas, probablemente de una falta de ejercicio de lectura rápida (¿cuánto leemos los chilenos?), así como el poco ejercicio de la capacidad de análisis. Capacidad que podría superarse, justamente, si los colegios aprovecharan las oportunidades que ofrece la jornada escolar completa con cursos de apreciación de cine, los que a su vez, podrían ser un eficaz formador de actitudes y valores, aquéllo que nos hace tanta falta.

No pasa lo mismo con los niños preescolares, para quienes la sola ida al cine es toda una aventura. El sólo verlos entrar a aquella inmensa sala que se va oscureciendo, maravillarse con la inmensa pantalla que para la mayoría es primera vez que ven, ya es un espectáculo. Es tanta la convocatoria que tiene el festival en esta edad que este año asistieron 4 mil niños.

Otros comentarios

Es difícil hacer cine para niños, sobre todo cuando se crea pensando específicamente n niños de distintas edades. Por lo general, el cine más comercial para niños diseña un producto que abarque muchas edades; y eso hace la muestra una verdadera vitrina de aprendizaje para los cada día más numerosos estudiantes de cine. El cine para niños no puede ser visto como un arte menor, muy por el contrario, tal vez requiera un análisis especial desde los argumentos, la estética, los valores, en la perspectiva de un gran desafío.

Por otro lado, es necesario que niños de otras regiones, de otras ciudades también tengan la oportunidad de disfrutar de filmes de calidad. Melita Quiñones, la gran impulsora de este festival, trabaja… casi a pulso. Aquí sí que cabe el dicho “por amor al arte” y a los niños, agregaría yo. Falta, para variar, empresas que se interesen por apoyar esta inciativa. Desde la platea, miles de manitos aplaudirán.

 

 
Como citar:
Esther, G. (2005). VII Festival de Cine Infantil , laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2017-10-17] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/vii-festival-de-cine-infantil/73