La pandemia de COVID-19 significó un punto de inflexión para el ecosistema audiovisual chileno y global. El cierre de salas de cine, la suspensión de festivales, la interrupción de rodajes y la reconfiguración de los fondos públicos cambiaron de manera abrupta los modos de producción, distribución y consumo cultural. En ese contexto, la plataforma estatal Ondamedia (htttp://ondamedia.cl), impulsada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (MINCAP) desde 2017, adquirió una relevancia inédita como espacio de mediación simbólica entre la creación cinematográfica nacional y sus públicos.
En medio de ese escenario comenzó a surgir una pregunta: ¿qué estaba ocurriendo con el cine chileno cuando las salas permanecían cerradas y gran parte de la experiencia cultural se trasladaba a las plataformas digitales? Esta interrogante permitió explorar tanto el rol de Ondamedia como política pública de acceso y democratización cultural, como también las implicancias simbólicas de su curaduría, entendida como un acto de mediación que define qué se reconoce como “cine chileno”.
Desde una perspectiva sociocultural, propuse que la pandemia actuó como acelerador de procesos estructurales ya presentes en el campo audiovisual: la crisis del modelo de exhibición tradicional, la centralidad creciente de la mediación digital y la dependencia del cine chileno respecto de la institucionalidad estatal. Durante el confinamiento, Ondamedia se transformó en una especie de “sala nacional virtual”, legitimada por su gratuidad y por la sensación de pertenencia cultural que promovía su catálogo. Este fenómeno explica la dicotomía entre industria cultural y bien público, e invita a repensar el rol del Estado como mediador entre la creación artística y el consumo ciudadano.
Industria cultural y políticas culturales
Pensar Ondamedia supone reconocer que el cine nunca circula en un vacío. Las películas forman parte de un entramado donde intervienen instituciones, políticas públicas1García Canclini (1990, 2019, criterios de legitimidad y disputas por la representación cultural 2Adorno y Horkheimer (1944). En Chile, donde gran parte del cine nacional depende de mecanismos de financiamiento estatal, esta relación adquiere una relevancia particular3Bourdieu (1986).
En ese contexto, Ondamedia aparece como una experiencia singular. A diferencia de las plataformas comerciales, se trata de un servicio gratuito financiado con recursos públicos, cuyo propósito no es únicamente distribuir contenidos, sino también fortalecer la circulación del cine chileno y acercarlo a nuevas audiencias.
Sin embargo, esa apertura convive con otro fenómeno: toda selección implica también una forma de jerarquización. Las películas que llegan a la plataforma contribuyen a construir una determinada imagen de lo que entendemos por cine chileno y, en consecuencia, de cómo nos imaginamos como comunidad cultural.
En el caso chileno, el neoliberalismo instaurado desde la década de 1980 redefinió profundamente la noción de “cultura pública”, trasladando al individuo la responsabilidad de acceso y participación 4Subercaseaux, 2015. En este escenario, Ondamedia representa un contrapunto institucional: una plataforma gratuita, de acceso universal, financiada con fondos públicos, que busca democratizar el consumo audiovisual. En la lectura que siguió la investigación, esta iniciativa tensiona las fronteras entre política cultural, soberanía simbólica y lógicas de mercado, ofreciendo un modelo alternativo al streaming comercial.
Asimismo, fue considerado el debate contemporáneo sobre las políticas culturales digitales, que enfrentan el desafío de equilibrar democratización y diversidad. Ondamedia intenta resolver esta tensión mediante una doble operación: apertura del acceso y control simbólico a través de la curaduría. Esta ambigüedad, entre inclusión y selección institucional, constituye una de las claves interpretativas que me guiaron el transcurso de la investigación.
Mediación cultural y cómo nos representamos
La noción de mediación desarrollada por Jesús Martín-Barbero (1987) resultó útil, pues aborda además la mediación como el proceso mediante el cual los sujetos se apropian de los mensajes y los resignifican desde sus contextos culturales. En ese sentido, Ondamedia no es solo una plataforma de streaming, sino un dispositivo de mediación que articula políticas públicas, prácticas de consumo y procesos de identificación.
La mediación implica siempre un espacio de traducción entre sistemas de sentido: lo estatal, lo artístico y lo ciudadano. A través de esa traducción, se definen jerarquías, géneros y criterios de legitimidad. Analizar la plataforma desde esta perspectiva me permitió explorar cómo la curaduría institucional produce un tipo específico de relato sobre la nación y sus sujetos.
Pensar la identidad como un proceso discursivo5Hall (1997) en permanente construcción, parece una idea interesante. Desde esta perspectiva, la identidad cultural no es una esencia fija sino una construcción que se negocia en el terreno de la representación. Las películas exhibidas en el servicio de streaming configuran una narrativa particular de “lo chileno”, en la que conviven diversidad territorial y cohesión nacional. En este sentido, la plataforma puede entenderse como un espacio de curaduría estatal de la identidad, un lugar donde el Estado organiza simbólicamente la imagen del país.
La cultura digital ha transformado los modos de producción y consumo cultural. La cultura de la convergencia redefine las relaciones entre productores, instituciones y audiencias, generando escenarios de participación inéditos 6Jenkins (2006). Sin embargo, al observar Ondamedia, se identificó una de las primeras paradojas: si bien amplía el acceso al cine nacional, no promueve la participación activa ni la interacción horizontal. El público consume, pero no incide en la selección ni en la visibilidad de los contenidos.
Es desde ese punto en que comienzo a reflexionar en Ondamedia como un espacio donde se democratiza el acceso, pero sin la ambición de democratizar la mediación, manteniendo una estructura vertical heredada de las políticas culturales tradicionales. En efecto, aunque la plataforma reduce barreras económicas y geográficas al ofrecer acceso gratuito al cine chileno, no transforma de manera sustantiva las condiciones bajo las cuales los contenidos son seleccionados, organizados y jerarquizados. Las decisiones respecto a qué obras integran el catálogo, cómo se clasifican y cuáles adquieren mayor visibilidad continúan concentradas en instancias institucionales, sin mecanismos de participación efectiva por parte de las audiencias.
En este sentido, la democratización se circunscribe al nivel del acceso, pero no se extiende al ámbito de la mediación, entendida como el proceso mediante el cual se construyen sentidos, se establecen jerarquías culturales y se definen los marcos de interpretación de los contenidos. A diferencia de otras plataformas digitales que incorporan lógicas de interacción, como sistemas de recomendación, valoraciones de usuarios o dinámicas participativas, Ondamedia reproduce un modelo de difusión predominantemente unidireccional, donde el público ocupa un rol principalmente receptivo.
Como señalaba antes, esta configuración puede comprenderse como una continuidad de las políticas culturales tradicionales, en las que el Estado no solo garantiza el acceso, sino que también actúa como agente legitimador de ciertos contenidos por sobre otros. De este modo, la mediación cultural no desaparece en el entorno digital, sino que se reconfigura bajo nuevas formas, manteniendo una lógica centralizada que delimita los márgenes de lo visible y lo legítimo dentro del campo audiovisual. Así las plataformas digitales no son neutrales, sino que establecen regímenes de visibilidad y control7Scolari (2013) y Couldry (2012). En el caso de Ondamedia, estos se expresan en sus criterios de selección, diseño estético, categorización temática y jerarquías de acceso. Por ello, parece cada vez más convincente afirmar que Ondamedia no solo difunde películas, sino que construye un mapa simbólico del cine chileno, donde se legitiman determinadas formas de narrar el país y se excluyen otras.
Cómo mirar Ondamedia
Para aproximarme a Ondamedia combiné dos fuentes de información. Por una parte, una base de datos con registros de consumo de la plataforma a lo largo de sus años de funcionamiento. Por otra, ocho entrevistas realizadas a críticos de cine durante 2024. El cruce entre ambas dimensiones permitió observar no solo cómo cambiaron los hábitos de consumo durante la pandemia, sino también los sentidos que distintos actores atribuyeron a ese fenómeno.
Más que medir únicamente niveles de audiencia, el interés estuvo puesto en comprender qué lugar ocupó el cine chileno en un contexto donde gran parte de la experiencia cultural se trasladó a las pantallas.
Analizar Ondamedia implicó observar desde distintas dimensiones al mismo tiempo. Es una política pública, pero también un espacio donde circulan representaciones sobre el país y una práctica cultural que forma parte de la vida cotidiana de sus usuarios. Mirarla desde esa complejidad permitió comprender mejor el lugar que ocupó durante la pandemia.
Pantallas en confinamiento: ver cine en tiempos de encierro
A partir de la investigación desarrollada, los datos muestran no sólo patrones de consumo, sino también las formas en que la pandemia reconfiguró la relación entre audiencias, Estado y cultura digital.
Los resultados de la investigación me permitieron evidenciar que el comportamiento de las audiencias de cine chileno en Ondamedia estuvo fuertemente condicionado por el contexto excepcional de la pandemia, particularmente durante los períodos de confinamiento. En términos cuantitativos, se observa un aumento significativo en las visualizaciones durante 2020, impulsado principalmente por usuarios de “carácter ocasional”, quienes accedieron a la plataforma atraídos por su gratuidad y disponibilidad en un escenario de restricción de movilidad. Sin embargo, a medida que avanzó el proceso de desconfinamiento, el consumo tendió a estabilizarse en niveles considerablemente menores, reconfigurándose en torno a una audiencia más reducida, pero de “carácter recurrente”. Desde una perspectiva cualitativa, las entrevistas permiten interpretar este fenómeno como una intensificación coyuntural del acceso, más que como una transformación estructural de los hábitos culturales, destacando además el rol de Ondamedia como mediador estatal que facilita el acceso a contenidos, pero que también reproduce ciertas lógicas de curaduría e identidad cultural.
En relación con la caracterización de las audiencias, se distinguen dos perfiles claramente diferenciados según el momento de consumo —como señalaba anteriormente—. Durante el peak observado en el contexto de confinamiento, predominó un usuario de “carácter ocasional”, motivado por las condiciones excepcionales de encierro y por el acceso gratuito a la plataforma, con una inclinación hacia contenidos más visibles o de mayor circulación dentro del catálogo. Este perfil se caracteriza por un consumo exploratorio, menos sistemático y más contingente. En contraste, en los períodos posteriores de normalización, se consolida un “usuario habitual o recurrente”, que corresponde a una audiencia más acotada pero constante, con mayor cercanía previa al cine chileno y una disposición más sostenida al consumo cultural. Este grupo tiende a presentar prácticas más estables y selectivas, evidenciando una relación más estructural con la plataforma. Así, la evidencia sugiere que el crecimiento de audiencias durante la pandemia respondió principalmente a una expansión circunstancial del acceso, mientras que el núcleo estable de usuarios se vincula a formas más tradicionales de participación cultural en el ámbito audiovisual.
En conjunto, los resultados muestran que la digitalización amplió las posibilidades de acceso al cine chileno, aunque sin modificar de manera sustantiva las desigualdades estructurales ni las formas consolidadas de consumo cultural.
El Agente Topo (Maite Alberdi, 2020)
Temáticas y representaciones
El análisis de contenido del catálogo de Ondamedia evidenció una clara predominancia de obras documentales (47%), junto con una presencia relevante de cine de autor chileno caracterizado por un fuerte anclaje territorial. En términos de consumo, las obras más visualizadas tendieron a centrarse en temáticas como la memoria histórica, la desigualdad social y las experiencias de vida en regiones. En esta línea, títulos como La Once (Maite Alberdi, 2014), El Agente Topo (Maite Alberdi, 2020) y Chicago Boys (Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano, 2015) ilustran una preferencia por narrativas que abordan problemáticas sociales y contribuyen a la construcción de memoria colectiva.
Estas obras configuran una narrativa coherente con las políticas de memoria y derechos humanos que el Estado chileno ha promovido en las últimas décadas. En este sentido, Ondamedia no solo amplía el acceso al cine nacional, sino que también refuerza una concepción del audiovisual como herramienta de reflexión crítica, posicionando al cine chileno como un espacio privilegiado para la elaboración simbólica de la experiencia social.
Sin embargo, esta orientación no puede comprenderse únicamente como una decisión editorial, sino que también responde a las dinámicas estructurales del campo audiovisual chileno. Desde esta perspectiva, la predominancia de ciertos géneros y temáticas se vincula con las condiciones de producción que otorgan legitimidad cultural a determinadas obras por sobre otras. En este marco, resulta especialmente útil considerar que los mecanismos de financiamiento estatal, que históricamente han sido orientados a promover proyectos con valor cultural, autoral o identitario, han incidido en la configuración del catálogo disponible. De este modo, géneros asociados al entretenimiento, el humor o el cine comercial, que suelen operar en circuitos más cercanos al mercado, tienden a quedar subrepresentados tanto en la producción como en su circulación dentro de la plataforma.
Ondamedia actúa como un dispositivo de mediación cultural que no solo distribuye contenidos, sino que también participa en la construcción y reproducción de jerarquías simbólicas dentro del campo. Al privilegiar obras vinculadas a lo social, lo ético y lo político, la plataforma contribuye a consolidar un canon de “cine chileno de calidad”, alineado con formas específicas de capital cultural. Así, la democratización del acceso convive con procesos de selección que delimitan qué relatos, estéticas y sensibilidades adquieren mayor visibilidad.
En consecuencia, la plataforma amplía la circulación del cine chileno, pero al mismo tiempo institucionaliza un imaginario particular de nación: un país que se piensa a sí mismo desde la memoria, la desigualdad y la reflexión crítica. Esta configuración, si bien fortalece ciertas dimensiones del campo cultural, también plantea desafíos en términos de diversidad estética y pluralidad de representaciones.
Experiencia de las audiencias
Las entrevistas realizadas a críticos de cine confirman que el público valoró profundamente el acceso gratuito y la posibilidad de descubrir producciones locales8Las entrevistas se realizaron entre el 8 al 12 de enero de 2024, a ocho diferentes críticos de cine chileno. Durante el confinamiento, Ondamedia fue percibida como un espacio de refugio cultural, por lo que sus visitas aumentaron.
Uno de los críticos lo expresa así: “Obviamente la pandemia ayudó mucho porque Ondamedia ya existía desde antes y mucha gente no tenía idea, yo personalmente que me muevo mucho en el ámbito de cinéfilo, pero también tengo muchos amigos y conocidos que no tienen ni idea de cine y que ven muy poco cine y la mayoría no tenía ni idea que existía Ondamedia”9Con el fin de resguardar la confidencialidad de los participantes y promover un espacio de mayor libertad discursiva, los nombres de los críticos entrevistados han sido mantenidos en anonimato. Esta decisión responde a criterios éticos propios de la investigación cualitativa, permitiendo que las opiniones vertidas no queden expuestas a posibles interpretaciones personales o repercusiones en el campo profesional. Asimismo, el anonimato contribuye a centrar el análisis en los contenidos y sentidos de los discursos, más que en la posición individual de quienes los emiten. Este tipo de testimonios evidencia que el consumo cinematográfico se transformó en un recurso durante el encierro, una forma de conocer más expresiones artísticas, las que no eran valoradas o conocidas en el cotidiano.
También reconocieron en la plataforma una oportunidad de difusión y legitimación, aunque expresaron reparos sobre la falta de transparencia en los criterios de curaduría y la difusión de la plataforma.
Chicago Boys (Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano, 2015)
El Estado como mediador cultural
La pandemia consolidó a Ondamedia como el principal instrumento de continuidad cultural del Estado chileno. A través de campañas de acceso gratuito y ampliación de su capacidad técnica, el MINCAP posicionó la plataforma como símbolo de resiliencia del sector audiovisual. Su gratuidad reforzó el discurso de la cultura como derecho, en contraste con la lógica mercantil de las plataformas privadas.
A pesar de esto, la dependencia estructural del financiamiento público expone su vulnerabilidad. La sostenibilidad de Ondamedia depende de decisiones presupuestarias anuales, lo que pone en riesgo su estabilidad a largo plazo. Además, su diseño institucional, donde el Estado actúa simultáneamente como productor, curador y difusor, plantea preguntas sobre pluralismo y autonomía.
En síntesis, los resultados muestran un proceso de revalorización del cine nacional en el contexto digital, pero también la persistencia de tensiones entre democratización, centralización y control simbólico.
Políticas públicas post-pandemia
Al finalizar esta investigación, considero fundamental reflexionar sobre las proyecciones que el caso Ondamedia ofrece para las políticas culturales en la etapa post-pandemia. La experiencia de 2020–2021 reveló que, en situaciones de crisis, las plataformas digitales estatales pueden convertirse en instrumentos de cohesión social y resiliencia cultural. En un contexto marcado por el aislamiento físico, Ondamedia operó como un espacio simbólico de comunidad: un lugar donde el país pudo verse y pensarse a sí mismo a través de las imágenes que produce.
No obstante, la consolidación de este modelo exige superar la lógica de emergencia que lo originó. El riesgo está en que la digitalización se limite a reproducir online las estructuras preexistentes de la gestión cultural10Bonet y Négrier (2018). Para que las plataformas públicas sean verdaderamente transformadoras, deben concebirse no sólo como vitrinas de contenidos, sino como espacios de interacción, co-creación y diálogo entre el Estado, los artistas y los públicos.
En este sentido, sostengo que el concepto de mediación cultural adquiere un valor estratégico11Martín-Barbero, 1987. Mediar no significa únicamente difundir, sino facilitar la apropiación significativa de los bienes culturales. En la era digital, esta mediación debe incluir componentes educativos, participativos y comunitarios. Ondamedia, por ejemplo, podría desarrollar líneas de trabajo con escuelas, universidades y centros culturales, fortaleciendo su dimensión pedagógica y su anclaje territorial. El desafío es pasar de un modelo de plataforma de acceso a un modelo de ecosistema cultural participativo, donde la mediación digital sea una extensión del tejido cultural local.
El lugar del cine chileno en la era de las plataformas
El análisis del período pandémico me llevó a reconocer que el cine chileno atraviesa una crisis estructural de visibilidad y sostenibilidad, que no puede explicarse solo por la coyuntura sanitaria. Desde antes de 2020, la exhibición nacional enfrentaba problemas de distribución, concentración geográfica y dependencia de fondos concursables. La pandemia no hizo más que exponer y acelerar esas tensiones.
Ondamedia se instaló entonces como una respuesta simbólica y política a la marginalidad del cine nacional dentro del mercado global. En un entorno dominado por plataformas internacionales con recursos y algoritmos que privilegian contenidos anglófonos, la existencia de un espacio digital público centrado en la producción chilena es, en sí misma, una forma de resistencia cultural. Sin embargo, esta resistencia debe sostenerse con políticas de largo plazo que integren producción, circulación y formación de públicos. De lo contrario, el cine chileno corre el riesgo de quedar confinado a un nicho patrimonial, desvinculado de las audiencias más jóvenes y de las dinámicas globales de consumo.
Considero que el desafío no es competir con Netflix o Amazon Prime, sino construir un modelo alternativo de plataforma pública, basado en el valor cultural, la participación y la diversidad. Para ello, el Estado debe avanzar hacia alianzas colaborativas con universidades, festivales, redes de exhibición comunitaria y agentes del tercer sector. Ondamedia podría transformarse en el eje articulador de un sistema audiovisual nacional descentralizado y sostenible.
Asimismo, propongo que las plataformas públicas adopten una política de datos abiertos sobre consumo, audiencia y circulación de contenidos. La transparencia en la gestión cultural digital permitiría fortalecer la investigación, la evaluación y el diseño de políticas basadas en evidencia. La falta de información pública sobre métricas y algoritmos constituye una limitación que impide medir adecuadamente el impacto cultural de Ondamedia y otras iniciativas similares.
Del acceso a la apropiación o cómo hacer que la gente se sienta parte del cine chileno
Desde el punto de vista académico, esta investigación abre múltiples líneas futuras. En primer lugar, sería relevante realizar estudios comparativos entre plataformas públicas latinoamericanas (como Retina Latina o Cine.ar Play), que permitan comprender las diferencias en sus modelos de gestión, curaduría y relación con las audiencias.
Además, a través de este texto subyace lo necesario en profundizar en estudios de recepción que indaguen cómo distintos grupos sociales —jóvenes, mujeres, comunidades rurales, pueblos originarios— experimentan el cine nacional en entornos digitales. La categoría de “público” debe ser revisada a la luz de las nuevas mediaciones tecnológicas: hoy no hablamos de espectadores pasivos, sino de usuarios que producen, comparten y resignifican contenidos.
En segundo lugar, creo interesante integrar metodologías mixtas y participativas en el análisis del ecosistema audiovisual. La combinación de análisis cualitativo con minería de datos y análisis de redes podría ofrecer una comprensión más profunda de las dinámicas de circulación simbólica en la era de los algoritmos. Por ejemplo, el estudio de patrones de recomendación en Ondamedia permitiría evaluar si existen sesgos geográficos, de género o temáticos en su oferta cultural. Estas aproximaciones cuantitativas pueden complementar la mirada interpretativa que he desarrollado, aportando evidencia sobre los mecanismos de visibilidad digital.
En el ámbito de las políticas culturales, las proyecciones son igualmente significativas. El caso de Ondamedia demuestra que el Estado puede y debe jugar un rol central en la mediación simbólica digital. Sin embargo, para sostener ese papel es indispensable un marco normativo que reconozca la cultura digital como derecho ciudadano, y que garantice su financiamiento estable.
Es posible proponer avanzar hacia una Ley de Plataformas Culturales Públicas, que asegure la continuidad institucional y la gobernanza participativa de iniciativas como Ondamedia. Tal política podría establecer principios de transparencia, diversidad, accesibilidad y participación, alineados con los estándares internacionales de la UNESCO sobre la diversidad de las expresiones culturales.
Asimismo, la experiencia de pandemia reveló la urgencia de incorporar la dimensión territorial y comunitaria en las políticas digitales. Las plataformas deben complementarse con programas presenciales de mediación cultural, laboratorios audiovisuales locales y espacios de exhibición descentralizados. La hibridez, entendida como lo digital articulado con lo presencial, es el camino para garantizar una participación efectiva y equitativa.
Finalmente, desde una perspectiva crítica, me atrevo a sostener que el futuro del cine chileno y de sus políticas culturales dependerá de nuestra capacidad de redefinir la noción de público. No basta con ofrecer contenidos; es necesario construir vínculos duraderos entre los ciudadanos y sus representaciones culturales. Ondamedia demostró que el acceso gratuito puede despertar interés, pero ese interés sólo se sostendrá si se acompaña de educación audiovisual, participación social y reconocimiento de la diversidad.
La pandemia nos enseñó que la cultura no es un lujo prescindible, sino una infraestructura simbólica esencial. En ese sentido, el cine chileno y las políticas públicas que lo rodean, seguirán siendo un espacio estratégico para imaginar futuros colectivos más inclusivos y reflexivos.
A partir de este estudio, es posible sostener que la experiencia de Ondamedia durante la pandemia constituye un punto de inflexión en la política cultural chilena. La plataforma demostró que el Estado puede ocupar un rol activo en la mediación simbólica digital, garantizando acceso gratuito y visibilidad para el cine nacional. Sin embargo, también se evidencian los límites de un modelo donde la democratización se asocia solo al acceso y no a la participación.
En síntesis, me atrevo a concluir que Ondamedia consolidó al Estado como mediador cultural digital al ofrecer una alternativa pública frente a las plataformas comerciales; que la pandemia amplificó el interés por el cine nacional, transformando el consumo audiovisual en una práctica identitaria y emocional; y que, si bien la digitalización amplió el acceso, no logró resolver las desigualdades de conectividad ni las jerarquías simbólicas del campo audiovisual. Asimismo, se observa que la curaduría estatal refuerza un canon identitario centrado en la memoria y la crítica social, lo que permite visibilizar ciertas voces mientras otras permanecen invisibilizadas. En este contexto, el futuro del cine chileno requiere una política cultural integral que articule acceso, educación y participación, y que permita que las plataformas públicas se consoliden como espacios de creación colectiva.
Referencias
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