Los espectadores del pasado. Cómo el cine piensa la historia

Por Benjamin Fuentes Contreras

Biografía +

Cineasta y Magíster en Estudios de Cine y Audiovisual Pontificia Universidad Católica de Chile. Creador de contenido en https://www.instagram.com/cine_y_creatividad/.


 
 

A lo largo de sus nueve artículos, Los espectadores del pasado, compendio editado por Pablo Aravena Yáñez y Gilda Bevilacqua, aborda diversas conexiones entre el cine y la Historia, pasando desde análisis fílmicos de obras de diferentes épocas cada una hasta hipótesis sobre el este cruce mencionado a través del ojo de la filosofía. A grandes rasgos, se percibe que la compilación de artículos y ensayos permiten en conjunto al lector  formar su propio juicio sobre cada sección que la conforma. A modo de síntesis, Los espectadores del pasado está dividido en tres secciones —(1) un introducción compuesta por dos artículos redactados por sus editores, los cuales rescatan las ideas de Robert Rosenstone, Hayden White y Marc Ferro, a modo de presentación de las discusiones que existen en el cruce entre historiografía y teoría contemporánea del cine, para enfocar lo que será el resto del libro; (2) una serie de cinco análisis de casos de diferentes películas, filmografías y cineastas pertenecientes a períodos históricos tan lejanos entre sí, pero que encuentran su unión a través de la bibliografía y disciplinas históricas usadas para su estudio (sean los escritos de Walter Benjamin o de Hannah Arendt, por mencionar alguno); y (3) dos reflexiones complementarias sobre el rol del cine en la representación histórica—, las cuales poseen diferentes perspectivas y puntos de vistas que le entregan méritos a la libro para ser parte de alguna cátedra universitaria sobre cine e Historia en sí mismo.

Todos los textos que conforman este libro se destacan por diversidad de puntos de vistas (a veces optimistas, a veces imparciales, incluso pesimistas) de cómo la Historia y el cine se relacionan en una síntesis dialéctica entre dos valores opuestos, o también, en una estructura que construye una línea discursiva completa sobre diversos casos de estudio, teniendo como base los dos artículos que conforman la introducción, escritos por Pablo Aravena Yáñez y Gilda Bevilacqua. Sus teorizaciones, tal como se mencionó en el párrafo anterior, son claves para el lector para entender lo que sucede posteriormente en el resto de los apartados de Los espectadores del pasado. Sería erróneo expresar que se tratan de un marco teórico, ya que lo que buscan es completar la línea discursiva de esta compilación y no esbozar un estudio grande hecho por sus editores. Más bien, es un trabajo colectivo que muestra diferentes perspectivas sobre cómo el cine representa o deconstruye la Historia, a través de diferentes gestos literarios y diferentes autores.

Los casos analizados entre el tercer y el séptimo artículo abordan en general diversas obras de varias partes del mundo con una carga histórica marcada por eventos o territorios específicos, sean las dictaduras en Latinoamérica —“Pathosformel del cuerpo torturado” de Natalia Taccetta, en el cual la persuasión a través de la sobreexposición de imágenes encontradas o del espacio off relatan los casos de Brasil y Argentina, y “Dar forma al pasado” de Claudio Salinas, Ignacio del Valle-Dávila y Hans Stange, el cual está dedicado al cine de Patricio Guzmán y cómo este reconstruye el pasado desde su propia memoria individual hasta los hechos colectivos reconstruidos en la mesa de montaje— o los primeros años de Hitler como líder del partido nazi en Alemania, ejemplificado en el artículo “La propaganda de los gestos” de Nicolás Ried Soto, en cual se analiza en conjunto el nazismo con la obra de Leni Riefenstahl desde lo gestual. Otros casos, como en el escrito por M. Laura Lattanzi Vizzolini (“Operaciones de montaje”) dedicado a El hombre robado (2007), ópera prima de Matías Piñeiro, analiza el montaje de esta obra en relación con las tesis de Walter Benjamin sobre la Historia. Incluso, se tiene el caso de la película La zona de interés (2023) de Jonathan Glazer en el artículo homónimo, en el cual Luis Henríquez Riutor hace un nexo con la filosofía de Hannah Arendt y se analiza cómo el nihilismo moral afecta a Auschwitz, en la medida que este se convierte en un punto de comercialización del pasado, como si se dejara de lado las atrocidades del Holocausto judío y, a modo de analogía, el Genocidio palestino en Gaza a través de los medios de comunicación contemporáneos. Todos estos casos analizados se nutren entre sí para generar un viaje no lineal a través del pasado y, así, generar conciencia crítica de cómo el cine podría estar alterando o haciendo de un espectáculo eventos históricos que han marcado a la humanidad.

Para concluir el libro, los ensayos de Mario Sobarzo Morales (“4 asedios a la Historia desde el cine”) y de Jorge Polanco Salinas (“Cine y poesía”) se estructuran con temples de ánimo opuestos entre sí. El primero (Sobarzo) hace una fuerte crítica pesimista a la reconstrucción y a la banalización de la Historia a través de la ciencia ficción (haciendo referencia al cine de Steven Spielberg), que tiene como conclusión que rearmar eventos del pasado es un absurdo trágico, el cual lo vincula a una perspectiva irónica hacia aquellos que quieren alcanzar la verdad de los hechos; se suma también el caso Naked Lunch (David Cronenberg, 1993) como una forma de reconstruir una ficción pasada a través de la subjetividad autoconsciente de sus limitaciones, sea asentada en la fantasía o en la realidad. Por otra parte, Polanco pareciera traer a la agenda implícitamente los escritos del crítico francés Jean-Louis Schéfer al analizar los versos olvidados de Sergio Escobar, poeta chileno que dedicó un poemario completo a la experiencia de la sala de cine en los años 1950 y 1960 en Chile. Su tono es más optimista y nostálgico, ya que podría permitir a los lectores del libro que recuerden un pasado apócrifo y olvidado por el neoliberalismo en el cine chileno; se trata de dejarse llevar por la experiencia cinematográfica y convertirla en nuestro propio evento histórico.

Los espectadores del pasado es una compilación ideal para adentrarse en las lecturas actuales sobre estudios de cine y audiovisual en el enfoque historiográfico. Abre una serie de discusiones sobre por qué se debería cuestionar la verdad absoluta que inspira a la ficción histórica y al documental historiográfico a recrear o reconstruir el pasado. El título del libro podría prestar a confusiones sobre cuál es el punto de vista del análisis, pero es el adecuado para referirse al meollo del asunto: no se trata de hablar cómo los espectadores veían cine antes, sino cómo los espectadores actuales —los teóricos en el caso del libro— ven cómo los artistas interpretan y reinterpretan aquello que fue. La pregunta central ahora es: ¿veremos el cine histórico de la misma manera después de reflexionar con los ensayos y artículos de este libro? A opinión de quien redacta esta reseña, probablemente no seremos los mismos. Veremos sin suspender la incredulidad, como espectadores de un aparente pasado.

 

 
Como citar:
Fuentes Contreras, B. (2026). Los espectadores del pasado. Cómo el cine piensa la historia, laFuga, 29. [Fecha de consulta: 2026-06-08] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/los-espectadores-del-pasado-como-el-cine-piensa-la-historia/1267